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Qué tendrá que ver: De 'Aterriza como puedas' a 'Tintín'

Más de uno

October 13, 2026

En esta divertida sección en Más de uno se realiza un interesante camino radiofónico entre dos conceptos completamente diferentes.

Speakers Carlos Alsina, Carlos Zumer, Javier Tarno, Alejandro G. Calvo, Guillermo Altares

TopicsNews

SPEAKER_1 (0:01)

Más de uno en Onda Cero, con Alsina.

Carlos Alsina (0:12)

No sé que Roberto Bracero es un fiel oyente del programa, de todo el programa. Desde las seis de la mañana está ahí, pendiente de todo lo que decimos, en el primer, en el segundo tramo. Y si hubiera un tercero también, y como nos están escuchando ahora mismo, voy a pedirle desde aquí, Roberto, atención, que estés especialmente atento a lo que viene ahora, a lo que te va a interesar. Porque hubo un señor escoces llamado James Stagg, con dos Gs, que en su época era como el Roberto Brasero británico.

En su época es la Segunda Guerra Mundial. Y su crucial tarea era predecir, bueno, fue predecir el parque meteorológico, para el desembarco de Normandía.

SPEAKER_3 (0:49)

Que sospreción, Alsina. O sea, el Roberto Brasero tiene presión en Semana Santa cada vez que le piden la previsión del tiempo.

Carlos Alsina (0:55)

Sí, bueno, pues es...

SPEAKER_3 (0:55)

Sí va a caer agua las procesiones, pero imagínate el tiempo para el desembarco de Normandía.

Carlos Alsina (1:00)

Ya, porque a Roberto le mete presión a todo el que se encuentra por la calle. Y muchas que a Stag lo sabía a unos pocos, nada más. Que iba a producir el desembarco de Normandía. Pero entonces...

No, él tenía que conseguir anticiparse por menos 48 horas al desembarco, es decir, garantizar que se fuera a producir un tiempo que pudiera acompañar él. Entonces, esta es la historia que se cuenta en la película Tiempo de Victoria, que a su vez está basada en una obra de teatro británica que se llama Pruiser, que han visto ya la reina de Inglaterra, Manuel Macron y Justin Trudeau. La reina de Inglaterra, la de ahora, Camila. Camila, Camila. Porque la pregunta es, ¿cómo de difícil era dar un parte del tiempo tan preciso hace ochenta años? Y qué papel desempeñó ese parte en el desarrollo de la guerra. Y a esas preguntas responde hoy, porque hoy es una beta cultureta de dar respuestas.

Responde hoy, Carlos Zummer.

SPEAKER_4 (1:53)

Ahora, en Más de uno, la beta cultureta de Carlos Zummer.

Carlos Zumer (1:59)

Ha pasado bastante desapercibida Tiempo de Victoria, la película del meteorólogo.

La historia del brasero británico encargado del parte para el desembarco de Normandía. La operación anfibia más grande de todos los tiempos necesitaba de un canal de la mancha en relativa calma, como mínimo, y con luna llena y con marea baja. Todo eso estaba previsto para el 5 de junio del 44, pero el mal tiempo aguó los planes. Lo cual fue vivido con auténtico pavor por los mandos aliados, porque cuanto más tiempo pasara, más fácil era que los alemanes descubrieran el plan. Fue un golpe de suerte, por tanto, que se abriera una ventana de buen tiempo, solo 24 horas después y no 10 días más tarde. Una ventana meteorológica muy difícil de predecir en la época. Pequeña, pero suficiente para ganar la Segunda Guerra Mundial.

Se preguntaba hace dos semanas el Imperial World Museum Británico si realmente Normandía fue el punto de no retorno de la guerra, o si en realidad los nazis ya la habían perdido antes. Es un desafío recurrente para los historiadores. Pintar la raya que ubica lo inevitable. ¿Cuándo empezó realmente a caer el Imperio Romano? ¿Cuándo perdieron la guerra civil los republicanos? En el caso de esta contienda, la Linde se puede mover más lejos de las playas de Normandía.

Por ejemplo, al verano del 43, a la batalla de Ecurzc, última gran ofensiva acorazada nazi en el imprescindible frente soviético, y cuyo fracaso marcó el inicio de la retirada alemana en el este. O quizá ese fracaso ya había empezado antes, en el verano del 42, en Stalingrado. En aquella ratonera rusa se empieza a pudrir el sueño alemán del importantísimo petróleo del cáucaso y del trigo ucraniano. Pero hay historiadores que se remontan todavía más atrás, a diciembre de 1941, cuando Estados Unidos entra en la guerra y desequilibra la correlación de fuerzas, aunque tardara en notarse. O al verano del 41, cuando Hitler invade la inabarcable Unión Soviética, aliado, pero antagonista, inevitable. Y cava su tumba en busca del famoso espacio vital para Alemania. O al verano del 40, cuando llegan hasta París y ponen al continente de rodillas, salvo por un pequeño detalle insular, Reino Unido, que elige a un nuevo primer ministro, con una idea muy minoritaria, no negociar y no rendirse. La guerra se gana cinco años después porque Londres no claudica.

Si no te convencen ninguna de estas tesis y fronteras temporales, podemos fijar otro desenlace todavía más anticipado. En el propio verano del 39, en el propio estallido de la guerra, una quizá imposible de ganar para Hitler desde el principio. Por el número y fuerza de sus enemigos, los gigantes demográficos y económicos americanos, soviéticos y del imperio británico. Un parte meteorológico adverso para Berlín, de tormentón, pero inevitablemente ventajista, no tan fácil de predecir.

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