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Monólogo de Alsina: "Esta noche soñé que despertaba, y tenía que ir al cole"

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September 7, 2026

Monólogo de Alsina: "Esta noche soñé que despertaba, y tenía que ir al cole"

Speakers Carlos Alsina

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Carlos Alsina (0:03)

Esta noche soñé que despertaba y tenía que ir al cole y se me había olvidado forrar los libros. Me ponía a hacer la última hora, pero no acertaba a encontrar el celo y desistía e imaginaba a los niños burlándose de mí. No por el forro, sino porque tengo 56 años y aún no me dejan escribir a Boli. Aún te equivocas mucho. Oí decir al maestro, tu mejor amiga es la goma.

Decidí llevarles un bizcocho a mis nuevos compañeros para convidarles y ganarme así su amistad de por vida, como en Stand By Me, pero sin cadáver. La receta la tenía apuntada del New York Times, que es el único periódico que le va ahora y que como es urbanita, pues se pirra por las cosas pijas. Pastel de crema con mini chispas de chocolate. Quién no querría probarlo. Recomendaba el periódico empezar a calentar el horno tres meses antes, porque la elaboración es muy enjundiosa. Pero yo me atasqué a las primeras de cambio por culpa de los ingredientes. Dos cucharadas de aceite de semilla de uva, perdón. Una cucharada de salt kosher. Le pregunté a la inteligencia artificial en qué se diferencia la sal kosher de la sal gorda. Y me respondió en perfecto inglés que ya me vale. De las semillas de uva, mejor no hablamos. Reconozco que ahí me rendí. Ya me veía comprando durante el camino al colegio unos donuts y cayendo en que me había olvidado los libros. Ahí va. La cartera. Pero en eso entró Leonor en la cocina para prepararse ya su fiambrera. Y yo le hice una genuflexión, por supuesto, porque yo de mayor quiero ser cortesano. O sea, hacerle mucho la pelota, como tantos intentan con su padre y media España logró con su abuelo que en Abu Dhabi descanse. Me pareció que Leonor también estaba nerviosa. No por verme a mí hablando de sal y de uvas con la IA, sino porque para ella también era el primer día de colegio. Quieto y parao, me dijo con su lenguaje llano. Quieto y parao. Que lo mío no es colegio, es universidad. Mi hermana y yo nos hemos hecho mayores. Y yo asentí, agradeciendo la enmienda y animándole a corregir cualquier otra cosa que hubiese expresado malamente. ¿Cómo lo lleva su alteza? Le pregunté en tercera persona, como si ella no fuera ella, tal como exige el protocolo. Y me dijo emocionada y agradecida.

De pronto estaba poseída o por la IA o por Lina Morgan, una de ambas. Tiene fama de progre, le dije yo. Lo soy, dijo ella. Digo, no, la universidad, que tiene fama de progre, la Carlos IIIA, dijo ella. Y en voz baja añadió En ocasiones veo republicanos. Y ahí le dio un poco la risa, ¿no? En la radio explicaba a un tertuliano al que apodan el lince que Leonor no es como el resto de alumnos, porque ella es princesa y los demás no. Le sé que siguiera iluminando a la audiencia con su ciencia difusa, pero luego pensé que tenía razón, que hay muchas diferencias entre Leonor y sus compañeros.

Ella podría llegar en paracaídas, por ejemplo, porque sabe tirarse, y ellos, pues no. Ella podría entrar al aula desfilando, porque también sabe, y ellos, pues no.

Volvió a hablar el tertuliano. La princesa notará el cambio porque viene de formarse en el ejército. Digo, ya, y en Gales. Me salió a mí decir que, a ver, notar el cambio, pues lo va a notar, porque los estudiantes llevan de uniforme, ni pilotan cazas, ni en caso de invasión, tendrían que ir a defender España. Las diferencias, pues hay. Entrevistaban al decano de la universidad que explicaba que tener de alumna la princesa había provocado un efecto llamada. Claro, él se refería a que muchos estudiantes se habían interesado por los títulos que ofertan en la universidad, pero Marcos de Quinto creyó que Getafe estaba siendo invadida por los marroquíes y se presentó allí con una flotilla de Land Rovers para rescatarla. El malentendido fue tan enorme que el ministro Ángel Víctor Torres mandó trasladar a todos los alumnos al puerto. Dice, ¿pero a qué puerto? Si esto es Getafe, alegó una consejera autonómica. Y con razón. En Madrid el único muelle conocido es el del Estanque del Retiro. Y el de la Casa de Campo. Al de la Casa de Campo los madrileños le llaman Lago. Como a Príncipe Pío le llaman Montaña, o sea, por exagerar. Cuando ya me volvía para la cama se me cruzó un historiador en el pasillo y me dijo en tiempo de María Cristina quisieron llenar toda la Casa de Campo de viviendas. Por los pelos se salvó el parque.

No sé, le dije, yo igual los pisos hoy serían más baratos.

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