El sueño del Alsina: Florentino se había tatuado una frase: ‘Todos somos Pirri'
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September 18, 2026
El sueño del Alsina: Florentino se había tatuado una frase: ‘Todos somos Pirri'
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Esta noche soñé que despertaba y me estaba mirando Florentino en camiseta. ¿Pero qué es esto? Esclame yo, esto es mi torso, dijo él, remangándose, atiende Alsina, atiende, mira qué pecho, dijo Florentino. La situación, te lo confieso, empezaba a resultarme incómoda incluso para un sueño. ¿Quieres de una vez leer lo que pone? Me dijo. Encendí la linterna del móvil e iluminé su cuerpo, Dios me perdone.
Florentino se había tatuado una frase. Todos somos Pirri, todos somos Ceuta. Comprendí entonces que era un homenaje a los ceutíes residentes con nacionalidad o sin ella. Un gesto de desagravio, me dijo él, por lo de los chicos. Muy bien, le dije yo, muy bien. Se lo dije un poco por quitármelo de encima, porque me estaba rugando la colcha. Y entonces le salió el Florentino que llevaba adentro, apretó los puños y proclamó, a mí pongo por testigo de que no dejaré que Riquelme no robe Ceuta. Yo le expliqué un poco apurado que Riquelme no ama a Ceuta, sino Panamá por sus bajos impuestos. Y que en Ceuta lo que hay son miles de personas acampadas y sin trabajo. Llegó él a la ciudad después conmovido y anunció allí que ofrecía el Bernabéu para alojar temporalmente a todos los sin papeles. Fue un momento verdaderamente hermoso. Más aún cuando añadió que empapelaría el palco VIP del Bernabéu con dibujos de colores y los llenaría de camas para los niños inmigrantes. Menas. Se revolvió a Bascar. Le dijo, diga usted Menas. Y se puso un poco tensa la cosa. Y tuvo que interceder Feijó que le dijo, diga Menas, presidente, a saber cuántos años tienen estos bigardos.
El ofrecimiento del Real Madrid provocó, como se temía, un efecto llamada. Y Cerezo ofreció de inmediato el guanda. Almeida mandó habilitar el patio del Palacio de Congresos, del Palacio de Correos, que es la sede del Ayuntamiento, y que, como dice el alcalde, por lo menos tiene techo, ¿no? Y Ayuso ofreció el cendal, el parque público de Áticos y la Comunidad de Madrid y los boxes de la Fórmula 1 Echaron números y al final sobraba sitio para acoger migrantes. Se molestó Juanma Moreno, porque él había dicho que atender a los niños era cosa del gobierno, y que si Sánchez quería que ellos también se ocuparan, pues que les obligara a hacerlo, hombre.
Moreno, tras su experiencia en la campaña electoral, compaginaba su labor de gobernante con la de cantante y acababa de estrenar una canción ligera cuyo estribillo era precisamente. Oblíganos, Pedro, ¡obliganos! El videoclip se había grabado en una interparlamentaria del PP, y salían los varones, varonesas, cuca, haciendo el playback a coro, ¿no? Oblíganos, Pedro, ¡obliganos! La orquestación era buena, pero a la letra le faltaba fuerza. Contaba la historia de un niño, Jesúsito, que en una excursión a la escuela se cae por un barranco y al que sus compañeros dejan allí tirados sin ofrecerle la menor ayuda. La madre de uno de los niños se entera y se lo reprocha a su hijo. Le dice, ¿pero cómo no le habéis lanzado una cuerda? Y el crío responde, la culpa es del maestro, madre, que no nos ha obligado. Y ahí entra el estribillo, oblíganos, Pedro, ¡obliganos! La canción iba a estrenarnos en Canal Sur, pero se paró todo cuando Ayuso empezó a llenar de migrantes su parque público de Áticos. Días después se supo que Sánchez había barajado a obligar a los feudos a acoger gente, pero que sintió de pronto la llamada del ocio y en lugar de eso lo que hizo fue irse otra vez de vacaciones.
Aquel otoño el presidente libró más días que yo cuando hacía la brújula. Lo que pasa es que yo era por el fútbol y él por desidia. El Parlamento Europeo había relevado de sus funciones al Parlamento Español y todas las cuestiones nacionales se ventilaban ahora en Estrasburgo. La primera había sido la de Ceuta. Invasión, sí, invasión, no, era el título del debate. No porque quisieran invadirla a los eurodiputados que estaban a sueldo de Marruecos, que naturalmente que los hay, sino para establecer si los miles de inmigrantes merecían tener título de serie de televisión. Los invasores.
Antes de empezar el debate, Úrsula desplegó en el parlamento un mapa gigante con un enorme círculo rojo para que quienes no sabían nada de Ceuta, al menos pudieran situarla en el mapa. Se lo agradecieron sobre todo los eurodiputados españoles, que se dían mira, oye, aprendieron algo. Úrsula había tomado esta iniciativa porque esa mañana se había producido un escándalo. Una diputada rumana le pidió a un español que le señalara Ceuta en el mapa y él no supo.
Dijo al tuntum, por ahí abajo, por donde el desierto. Lo grabó una cámara de la sexta. Él alegó después que se había hecho eurodiputado para educarse precisamente. Y que tampoco es tan raro, siendo español, no saber dónde cae exactamente el desierto de tabernas. Y ahí ya se armó la de San Quintín porque la diputación de Almería presentó una queja temiendo que, fruto de la confusión, la provincia entera fuera invadida por el pueblo saharaui.
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