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El sueño de Alsina: "Puigdemont buscaba el efecto sorpresa y quería cruzar la frontera de incógnito"

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October 7, 2026

El sueño de Alsina: "Puigdemont buscaba el efecto sorpresa y quería cruzar la frontera de incógnito"

Speakers Carlos Alsina Álvarez

TopicsNews

Carlos Alsina Álvarez (0:02)

Esta noche soñé que despertaba y estaban encendidas todas las luces de las casas. Y era de madrugada, escuchaba el sonido de los televisores que estaban también prendidos y de los transistores que ofrecían programaciones especiales en las emisoras de radio. Las redacciones periodísticas estaban todas en vela, aguardando a que en cualquier instante se produjera la noticia. El pueblo desvelado aguardaba con las redacciones periodísticas. Entendí que el país entero se encontraba en vigilia, porque el profeta podría aparecérsele en cualquier momento y por cualquier frontera. Nadie quería perderse el desenlace en vivo de la primera temporada del serial político en que se había convertido España. La temporada había empezado con un presidente en funciones prometiéndole al profeta que podría caminar de nuevo por las calles libremente. E iba a terminar la temporada justo así, con el profeta callegeando el barrio gótico camino de la plaza de San Jao. Ni a Iván le habría salido un guión más redondo.

Preámbulo, corrupción y desenlace. En la radio contaban que Puigdemont buscaba el efecto sorpresa. Quería cruzar la frontera de incógnito. Una vecina de Waterloo, que entraba por FaceTime en el programa de Cristina, aseguraba que el ex líder ex carismático se peinaba ahora hacia atrás y con gomina. Vestía camisa por fuera del pantalón y calzaba náuticos. Prolongaba las esses e imitaba la hablar a Tamara, o sea que se había hecho pijo a petición de la patronal catalana. Perdón, de la burguesía catalana. Los comentaristas siempre hablan de la burguesía catalana para explicarlo todo, obligando a los espectadores a preguntarse si es que no hay más burguesía que en Cataluña, o sea, no hay burgueses en Valencia o en la Castellana. No hay burgueses ni en burgos. A los programas de madrugada de la radio llamaban oyentes que creían haber visto Puigdemont. Unos le habían reconocido por las gafas, otros por el acento y la mayoría por la matraca. Se le había visto entrando por Irún, bajándose del ave en Sants y en medio de un finger en Barajas. Un oyente de Santander creyó verle desembarcar del ferry y una oyente de Ceuta llamó un poco a la armada porque había entrado nadando por el Tarajal, decía ella, y la Guardia Civil lo había devuelto en caliente, sin preguntarle al juez de arena ni a nadie. Describían los avistamientos como si en lugar de a un caudillo fracasado hubieran visto un ovni.

¡Un ovni es lo que fue! Le escuché a una tertuliana de Manresa decir. Un ovni que deslumbró con su luz a cientos de miles de personas. Yo pensé, pues aquí el que no se deslumbra es porque no quiere, ¿no? Y añadió ella, los deslumbró y los cegó. Y como acababan de darle el premio Nobel a unos neurocientíficos que estudian cómo controlar el cerebro con haces de luz, brotaron por todos los programas expertos que analizaban si Apus de Mon, además del amnistía, deberían darle una beca en el Instituto Karolinska. Los programas aburrían la espera, recordando que el Constitucional había ordenado al Supremo amnistiar la malversación y que toda la vida a la malversación se le había llamado corrupción. Me pregunté si sería un mensaje bien recibido por la población en vísperas de una campaña electoral ordenar amnistiar la corrupción en cumplimiento de una ley que redactó el gobierno. ¿Se me apareció Ábalos en sueños llorándole a Pedro su desdicha decía. qué tiene Puigdemont que no tenga yo? Si corruptos hemos sido ambos.

Ya entrada la mañana se supo que había cruzado la frontera a Puigdemont por Prats de Molló, como si alguien recordara estas alturas a Masia, escondido en el coche de un mozo de escuadra. Le gritó un paisano poco partial y dijo, pues si usted ya no necesita esconderse y dijo él ya, pero es la costumbre. La primera visita en España se la hizo a Jordi Pujol, porque entre malversadores y evasores nos entendemos, como dijo el expresident al expresident. La segunda visita se la hizo a Santos Sardán por los viejos tiempos. Y la tercera a Salvador Illa, que de tanto hacer de tripas corazón, había reducido su dieta a una ensalada de sapos y acababa de firmar el plan de ampliación de sus propias tragaderas.

A Sánchez no estaba previsto que Puigdemont le visitara, porque como dijo la ministra de la Portavolla, pa que si en la Diputación estos deillos no pintan nada. El recibimiento popular en Barcelona fue tirando a frío. Turull y Miriam Nogueras contrataron a unos actores en paro para que se fingieran Puigdemoners. Y le enfriaran a selfies por las calles. Pero él se percató del engaño. Cuando uno que hacía de hombre de la calle, le llamó Juan Carlos en lugar de Carlos, porque le habían contado que el prefugo había regresado y le había confundido con el rey emérito. No solo le llamó Juan Carlos, es que también le dijo con estilo zafio, anda que la corina vaya pieza.

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