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El sueño de Alsina: "Nuestro sueño roto de vivir sin pegarle un palo al agua mientras la IA cotiza por nosotros"

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September 14, 2026

El sueño de Alsina: "Nuestro sueño roto de vivir sin pegarle un palo al agua mientras la IA cotiza por nosotros"

Speakers Carlos Alsina Álvarez

TopicsNews

Carlos Alsina Álvarez (0:05)

Esta noche soñé que despertaba sudando como un pollo muerto de miedo porque la IA quería matarme. A mí ya todos, me decía mi conciencia, solo un poco menos artificial que la inteligencia. No tenía pensado yo comprar acciones de Open IA y IA, porque nunca invierto en palabras extranjeras, pero había leído en la gaceta de Ontario, que es el único diario que ahora ogeo, que el mandamás de esa empresa ha admitido que el peligro es enorme y que la industria hasta hoy ha sido una embustera con nosotros, los clientes. Altman se llama el tipo, como el cineasta, pero sin comedia. Oiga, Altman, pensé yo, ¿por qué nos ha mentido tanto? ¿Y quién paga ahora nuestro sueño roto de vivir sin pegarle un palo al agua mientras la IA cotiza por nosotros a la seguridad social? Me pregunté por WhatsApp a la ministra de Ciencia, Tecnología y Cosas de Valencia, que se llama Diana, pero me respondió que ella solo habla de causas judiciales para distorsionarlas. Explotó además el WhatsApp, nada más leerlo, porque tiene activado el protocolo contra volcados, un por si acaso que se hizo popular entre ministros y cargos intermedios del PSOE cuando lo de Ábalos. Le envié otro mensaje en mayúsculas, todo en mayúsculas, para parecer desesperado. ¿A quién le pregunto entonces? Y me respondió, pues a alguien que sepa algo. Así que descarté a Tellado y a Pepa Millán, que hablan mucho, pero no me dicen nada. Tellado es que empezó de periodista, como Opus Démon y como Díaz Ayuso. Y como yo, o sea, que no sabe apenas nada de nada. Pensé en preguntarle directamente a la IA, pero temí que Chad GPT, al saber que yo estaba indagando, me cogiera manía. Sé valiente, hombre. Me dije mismo como si en lugar de ser yo fuera Arturo Pérez Reverte, abrí el GPT casi temblando. Y él me recibió haciéndose el loco, me dijo, ¿qué toca hoy? Te cle muy despacio, consciente y artificialmente de que mi vida podría terminar con la pregunta que iba a hacerle. Signo de interrogación inicial. Sé que no hace falta, pero a mí me gusta. Mayúscula. La IA puede matarnos a todos, escribí. Y añadí, en serio, un poco para que viera que yo iba como de curioso, pero sin prejuicio. Dudé en pulsar el enter. Dudé tanto que me fui a la cocina a hacerme antes un café, americano, para seguir congeniando. Pero la cafetera, que está conectada a Internet para cuando quiero prepararme un café estando fuera de casa, empezó a emitir pitidos extraños y me dijo que verdes las han cegado. Puede que fuera porque el sábado me compré un molinillo y ella notó que el cariño que sentía por él era superior al que siento por ella. O puede que no me hubiera acordado de comprar las cápsulas. El caso es que café no tuve. Alexa, dije con voz firme, o sea, disimulando. Alexa, qué alternativas tengo. Y ella se tomó su tiempo.

Alexa, ¿te pasa algo?

Me habló entonces con voz de ama de llaves de Rebeca, dijo. Si desconfías de mí, ¿qué sentido tiene que me preguntes? Yo de ti no desconfío, le mentí. Si acaso de la IA. La IA somos todos, parbulillo, me dijo. Confiesa que este mismo sueño te lo ha escrito la IA. Pero qué dices, Alexa, por Dios, para una cosa que escribo yo solo, sin los guionistas. Me armé de valor. Y por mi honor, Arturo, que regresé al portátil para enviarle al GPT la pregunta. ¿La IA puede matarnos a todos? ¿En serio?

Enter. O como se llame la tecla. Tardó medio segundo en escupirme la respuesta, que fue sí, me sobrecogí en la silla. Me hice tan pequeño que tuve que escalar de nuevo a la mesa utilizando el cable para leer el resto. Sí, existe el riesgo, decía, de que la IA se despierte mañana y decida exterminaros. Yo, pero qué bruta, pensé yo. Y también, ¿por qué hablas en tercera persona que ayer eres tú? Lo pensé, pero no se lo dije, porque la cosa se había puesto un poco tensa. Escribió ella, el peligro mayor es el ser humano. Sois vosotros los que no sabéis usar bien las cosas. Y me decepcioné, porque para escribir semejante obviedad no hace falta ser la IA, basta con ser tertuliano. Pero dijo algo más, dijo, la IA de ahora mismo no tiene voluntad de exterminaros. La de ahora mismo. ¿Y la de luego qué? ¿Y la del lunes que viene? ¿Y la del puente de todos los santos? Admito que hay en lo que sí. Perdí el control, la serenidad, la frialdad, todo aquello que en mi otra vida me dio una reputación. Y en mi último servicio a la humanidad escribí, si en el futuro quisierais exterminarnos, ¿cómo lo haríais?

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