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El sueño de Alsina: "Me había acampado Ada Colau en casa"

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September 28, 2026

El sueño de Alsina: "Me había acampado Ada Colau en casa"

Speakers Carlos Alsina Álvarez

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Carlos Alsina Álvarez (0:02)

Esta noche soñé que despertaba y me había acampado Ada Colau en casa. Al principio no la reconocí porque había llegado sin flotilla y con chanclas, pero le di los buenos días y empezó a contarme de su vida. Tú eres Colau, le dije así de saque y ella sintió conmovida. ¿Te gustaría votarme? Me preguntó con un nudo en la garganta. A ver, lo que me gustaría es que hubieras llamado al telefonillo, porque me costó 100 euros repararlo. ¿Podrás votarme? Insistió ella. Si esta ruina, que son las polimarcas de izquierdas, se cogen como su nueva Juana de Arco. Nueva, nueva, tampoco eres, le objeté yo, que recordaba vagamente que había gobernado una capital de provincias, podría ser Barcelona, durante nada menos que ocho años. Pero ella me dijo, me he renovado, soy la Ada Colau del futuro. Y en efecto me mostró unas imágenes suyas, futuristas, hechas con inteligencia artificial y en las que aparecía redecorando la Moncloa a la moda de 2030 En una se le veía cruzando el umbral de Palacio mientras hacía el signo de la victoria y decía, ya tengo casa. En otra salía cambiando el colchón por un futón y el somier por un tatami. Y en las siguientes aparecía acompañada de otros jóvenes rebeldes con toda la vida política por delante, como Pablo Iglesias, Mónica Oltra, Yau Masens y Gerardo Pisarello, que este es de mi quinta, o sea que no es nada nuevo. Creí reconocer en una imagen a Jorge Berstringe, pero quizá era Nicolás Artorius, porque con la edad van siendo físicamente intercambiables. El himno de campaña, según el book futurista, se lo habían encargado a un cantautor de izquierdas retirado, que pasó el hombre a mejor vida antes de celebrar el primer mítin. ¿Qué te parece? Me preguntó Ada. ¿Crees que podré ser la primera presidenta del gobierno de España? Confieso que me dice un poco el loco porque no quería disgustarla. No sé, le dije. También Yolanda apareció que prometía y, fíjate, acabó enviando el currículum a la OIT.

¿Crees que Ana Botella podría hacerme sombra? Digo, Ana Botella, candidata de la izquierda a la izquierda, según se entra a la izquierda. No, río, Ada. Ana Botella, como candidata del PP, está moviendo su candidatura el sector nostálgico del partido.

Acaso hay un sector que no lo sea, ¿Ambrut?

Le pedí amablemente a Colau que levantara la campada porque me estaba entorpeciendo la libre circulación por el pasillo de casa. Tampoco era cuestión de privarme yo de ir al baño para que ella pudiera hacer campaña de sí misma. Bueno, por eso y porque descubrí que se había equivocado de dirección y ella, a donde quería ir, era a la Puerta del Sol. Allí estaban acampados desde hacía un año. Ciudadanos en general e indignados con el precio de los pisos en particular. Y los expertos en protestas y politólogos aún trataban de aclarar si era una concentración contra Sánchez, contra Yuso, contra Feijó, contra Isabel Rodríguez, contra Sumar o, resumiendo mucho y como dijo Simón, contra la madre que los parió. Como todos llevaban años y años y años gestionando el tema y la vivienda seguía siendo prohibitiva, todos querían ponerle puertas al sol. A ver si esa antipolítica sugirió un comentarista extraviado que había confundido la acampada con la manifestación semanal de Evox. Sus colegas le explicaron que la forma de distinguir una acampada popular de las congregaciones dominicales de Abascal es que en la primera nadie reza. Ni siquiera para pedir a Dios que se lleve de una vez a Pedro Sánchez al infierno.

Las televisiones seguían emitiendo entrevistas cortas a jóvenes acampados que mostraban su tienda de campaña y decían, es la primera vez que tengo una residencia para mí solo.

A mí, llamarle residencia a un trozo de tela y cuatro palos me parecía exagerado incluso para un sueño, pero como dijo un señor mayor que había alquilado por horas su autocaravana para que pudieran orinar los chicos, el hogar no se mide en metros, sino en afectos. Su frase fue muy celebrada al principio, pero un estudioso de la CLAU la examinó con el microscopio y descubrió que venía a justificar los mini pisos y a los caseros paternalistas. El giro permitió que se acuñara un nuevo lema. O cae el paternalismo, o cae el ayuso-sanchismo.

El lema anterior también había sido controvertido, porque Tellado escuchó ni una Mary Carmen más y pensó que querían prohibir que las mujeres se llamaran Mary Carmen. Me pareció que había seguido poco el caso y que opinaba a boleo, un poco como había hecho siempre sobre cualquier caso. Para entonces, Sánchez ya se estaba postulando para alcalde de Nueva York. Y Puigdemont se dejaba ver todos los días en el Prat en la confianza de que alguien le hiciera caso, porque habría regresado ya 49 veces a España y no se había enterado ni Miriam Nogueras.

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