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El sueño de Alsina: "Me desperté y me encontré a Gonzalo Suárez tumbado a mi lado"

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September 30, 2026

El sueño de Alsina: "Me desperté y me encontré a Gonzalo Suárez tumbado a mi lado"

Speakers Carlos Alsina Álvarez

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Carlos Alsina Álvarez (0:01)

Esta noche soñé que despertaba sintiéndome extraño, porque juraría que tenía un señor tumbado a mi lado. Antes de encender la luz, hice una comprobación palpando el me perdone. Y en vista de que era lo que parecía un cuerpo completo, pues ya prendí la candela. Buenas noches, dijo el hombre como si me estuviera esperando. Buenas noches, dije yo. Ya levantado del todio en justa correspondencia. Se produjo entonces un silencio incómodo para mí, al menos que a él pareció que le agradaba. No se lo va a creer, le dije yo, por liberar la atención. No se lo va a creer, pero me recuerda usted mucho a Gonzalo Suárez. Es natural, dijo él. Soy Gonzalo Suárez. Digo, perdóneme, pero no. Gonzalo Suárez no puede ser porque es que se murió justo ayer. Soy lo que queda de él, me corrigió. O sea, su recuerdo. Si tú mismo lo has dicho, que te recuerdo a él. Y ahora fue él quien se incorporó de la cama y se encendió un candelabro. Entre nosotros, a mí la situación se me hacía imposible, porque ni en sueños he sido capaz nunca de hablar con los muertos. Te entiendo, dijo él adivinándome. Te entiendo, pero siempre hay una primera vez. Y nunca es tarde para aprender, chico. Actualízate. Me dijo que la vida es aprender.

Renovarse o morir, Alsina. Digo, hombre, Gonzalo, renovarse o morir. Bromas con la muerte recién muerto, pues no sé si corresponde. El humor es mi única fe, sentenció él. Y me sentenció, o esa impresión tuve, empeñado yo en parecer más mortecino que él y en corregir a un difunto entrevistable en lugar de engarzar al vuelo un par de preguntas brillantes. Prefiero entrevistar a que me entrevisten. Dijo, confirmando que quien pasa mejor vida puede leer el pensamiento de aquellos que seguimos en este valle de... Los mortales, me dijo. Los mortales es lo que somos. Los mortales, que sabiéndonos mortales, anda que no nos enfocamos cuando va alguien como yo y se muere.

Yo seguía intentando dar con alguna pregunta brillante, pero desde que dejé el periodismo de opinión solo se me ocurren afirmaciones.

Uno no deja de ser periodista nunca, me dijo Suárez. Te lo digo yo, que me hice novelista y guionista y cineasta para dejar sin tiempo al periodista que siempre he sido. Entendí que su cabeza, aún siendo solo un recuerdo, seguía yendo más deprisa que la cabeza de cualquier otro ser vivo. ¿Para qué iba yo a intentar seguirle el ritmo? ¿No hay periodismo sin literatura? Siguió Gonzalo. ¿No hay cine sin literatura? ¿No hay historia sin literatura? Aunque sí haya libros en los que no hay ni rastro de literatura. Ya te digo, me salió decir a mí así como alto reflejo. Se editan tantos que es natural que algunos lleguen al lector sin una sola frase aprovechable.

Piensa en deportes, siguió Gonzalo. Y yo, ¿quién yo? Piensa en una crónica de deportes. Sin literatura no es más que datos, números, estadísticas. El verbo aporta la emoción, tal como el cine hasta aporta la mirada. Me pareció que el decirlo cerraba un poco los ojos, como si él también soñara.

Y la realidad, le pregunté yo. ¿Hay realidad sin literatura?

Y me dijo, claro que la hay, preguntaré a Mari Carmen, pero sin literatura no habría manera de entender nada. Nadie podría contárnosla. Digo, pues tal como estaba la realidad, igual sería un descanso, murmuré yo así. Descanso eterno, dijo él, haciendo de nuevo una broma sobre sí mismo. Yo de la realidad estaba bastante escarmentado, porque por puro vicio me había leído los decretos de vivienda que había aprobado el gobierno y sus 215 borradores previos, y estaba más perdido que Isabel Rodríguez. Me pareció, por cierto, cruel. Que enviaran a la ministra a explicarle a la prensa el carajal de papeles sin haberle dejado entrenar antes con actores. Los periodistas, cuando huelen la sangre, entran a matar y de ahí ya no salen.

El periodismo es una tribu compuesta de un solo indio. Dije en voz alta y me dijo Gonzalo, eso no es mío, eso es de Eduardo Mendoza. En el prólogo, a la suela de mis zapatos, que es uno de sus libros. Me contó Feser, por cierto, que en Chimayó el niño Jesús se ausenta veces de su ornacina, pero a nadie le extraña porque saben que sale a visitar a los amigos y luego vuelve y que tanto entra y sale el niño Jesús que se le gastan las suelas y hay que ponerle cada navidad zapatos nuevos. Pensaba yo en eso, en un bebé con zapatos. Cuando Gonzalo Suárez me pidió permiso para retirarse, me dijo, recuérdame en otro momento porque yo ahora tengo que irme. Digo, ¿pero. a dónde te vas a ir? Dijo, ¿cómo que a dónde? Pues al tanatorio, a que me despidan.

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