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El sueño de Alsina: "Había despertado en medio del Consejo de Ministros y plenamente incómodo"

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September 29, 2026

El sueño de Alsina: "Había despertado en medio del Consejo de Ministros y plenamente incómodo"

Speakers Carlos Alsina Álvarez

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Carlos Alsina Álvarez (0:01)

Esta noche soñé que despertaba debajo de una mesa larguísima con patas de madera noble y contadas hacia ojo no menos de 15 o 20 piernas. Las piernas correspondían a personas que estaban sentadas a la mesa. Unas se movían como nerviosas, otras me pareció que taconeaban. Había dos que no alcanzaban el suelo. Imaginé que serían propiedad de una persona retaco. De pronto escuché la voz de un señor que me decía sal de ahí debajo Alsina. Me recordó muchísimo a la voz de Sánchez, pero lo atribuí a los ocho años que me he pasado pendiente de cada palabra suya. Asomé la cabeza y en efecto era Sánchez. Me incorporé como pude abriéndome paso entre el bosque de piernas y pude ir poniendo cara a cada par de extremidades. Las más cortitas debían ser de albares o a lo mejor de bolaños que como yo tampoco es sabonis. Comprendí que había despertado en medio del Consejo de Ministros y plenamente incómodo le rogué a Carlos Cuerpo que me contara cualquier cosa para volver a quedarme frito. Pero Sánchez, adelantándose a mis deseos, me advirtió de que permaneciera callado. Todo lo que se dice en esta sala es secreto, Alsina me soltó con ese tono pelín borde que sus followers llaman empatía.

Me salió decirle no, no, si yo ya no. Así para tranquilizarle. El ambiente en el hotel oculto parecía bastante tenso. Le había oído a Rafa contar la mañana anterior que estaban a tortas los ministros de sumar y los del PSOE por el decreto de la vivienda. Pero me sorprendió que Isabel Rodríguez llevara casco, chaleco, antibalas y escudo de policarbonato.

Lleva hasta protector testicular Mechibó Marlasca, que es quien le había facilitado la equipación a costa de dejar desprotegido a un antidisturbios en Ceuta.

A mí Isabel Rodríguez me gusta, porque sonríe hasta cuando calla. Y porque en toda esta crisis está como ausente. Pero me resultó excesiva su protección de autodefensa porque enfrente sólo estaban Mónica García y Sir Arrego armadas con dos canutos de Bolivic y un arsenal de bolitas de papel chupado.

Repare en que la silla de la vicepresidenta segunda estaba vacía sin que a Sánchez pareciera importarle. Pero entonces hice un barrido de la sala con mi vista de lince ex miope y vi que en una de las esquinas había una tienda de campaña. Hasta aquí ha llegado el fantasma de la puerta del sol, pensé para mí. Y así era porque salió de la tienda Yolanda tocando la guitarra como si fuera María Garralón en Verano Azul. El barco del gobierno no nos moverán, del barco del gobierno no nos moverán. Detrás de ella, Bustinduy y Urtasun sostenían una pancarta sin demasiado tirón, a juego con sus ministerios. Se añadieron los dos al cántico de Yolanda, porque en Moncloa tenemos nuestra casa, no nos moverán, cantaban. Me pareció que a Oscar Puente se le iban los pies, pero en realidad el que se iba era él de la sala, disgustado por la canción elegida porque le parecía de muy mal gusto comparar a Chankete, que murió en su primera temporada, con el puto amo que pretende vivir y gobernar eternamente. Como Yolanda solo se sabía un estribillo, Alvarez solo se sabe el himno de Marruecos y Margarita, la muerte no es un final, se acabó pronto el concierto y empezó la discusión sobre el decreto, o sea, empezó el desconcierto. El jurista que lo había redactado sabía mucho de leyes, pero era incapaz de poner una coma en su sitio, de manera que no quedaba claro si Marie Carmen podría seguir viviendo en su casa o todos los habitantes del distrito de retiro serían desahuciados, incluida Mónica García, que del sobresalto se tragó el canuto con las bolitas chupadas y tuvo que ser atendida por el equipo médico habitual, que es el único que le aplaude el Estatuto Marco.

Abandone discretamente la sala, mientras los ministros porfiaban y filtraban a la prensa borradores falsos y me crucé en la verja con Nuñez Feijó, que había acampado en el parking de estadística, temiendo que abascarle madrugar a la poltrona. Su acampada la transmitía en streaming Vito Quiles, y cada veinte minutos Feijó hacía declaraciones. Siempre la misma, pero en riguroso directo. Conmovido y empático con Mari Carmen, el del piso del que hablaba era del de Jessica, la de Ábalos.

Apareció entonces Marrasca dando órdenes a la policía de que evacuaran a aquel señor y se lo llevaran a sol para que lo acogiera Díaz Ayuso. Yo aproveché y me subí a un taxi que iba escuchando el podcast de la brújula. Marta emitía con un reloj sobre impresionado que marcaba una cuenta atrás, que es lo que a ella más le gusta. Pasado mañana es víspera de viernes, decía. Y además, ya será octubre y habrá vencido el plazo constitucional para presentar el proyecto de presupuestos. Me lee el pensamiento, pensé yo, pensando que yo mismo debería haberlo pensado. Y que al ministro Carlos se le está poniendo cuerpo de María Jesús Montero.

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