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Nunca le pidas favores a los duendes (historias paranormales)

Relatos de la Noche

September 11, 2026

Los duendes forman parte de algunas de las creencias más antiguas y extrañas de nuestra cultura. Se dice que esconden objetos, recorren las casas durante la noche y permanecen cerca de ciertos lugares sin dejarse ver.

Speakers Uriel Reyes

TopicsDramaFiction

Uriel Reyes (0:05)

Una cosa es pedirle a un duende que te devuelva eso que se te perdió, las llaves, la cartera. Otra muy distinta, pedirle, pedirle que haga algo por ti, porque cobran comunidad y cobran muy caro con lo que ellos deciden.

Los duendes, como las brujas, como los extraterrestres también, es uno de esos temas que aquí en Relatos de la Noche, o te gusta mucho, o la verdad, no te da nada de miedo. Porque a lo mejor, nada más, en eso no crees. Pero no importa en qué lado del espectro te encuentres, te invito a escuchar las historias de esta noche. Sé que no te dejarán indiferente. Y si no crees, pues pide un favor. Pide algo hablando hacia los árboles de noche. Total, que es lo peor que podría pasar. Que tengas una historia para contar. Espero que no se escuchen cómodos en el trabajo, en casa, camino a la escuela, en el carro, donde estén. Pero que estén contentos y que vengan muchas cosas buenas a todos los que estén escuchando. Buenas noticias y buena suerte. Mientras tanto estás escuchando Relatos de la Noche.

Buenas noches a todos los que lleguen a escuchar. A toda la comunidad de Relatos de la Noche. Me llamo Benjamín. Y mi relato sucede pocos días después de cumplir 14 años. Hay cosas que ya no recuerdo muy bien porque ha pasado bastante tiempo. Sobre todo detalles de la casa, fechas, cosas así. Pero hay otras que recuerdo perfectamente. De hecho, durante muchos años preferí ni siquiera hablar de esto porque sé cómo suena. ¿No crean que no lo sé? Si alguien me hubiera contado algo parecido antes de que yo viviera esto, seguramente también le hubiera preguntado que, pues, ¿qué se fumó? En ese tiempo vivía con mis papás, nada más, en una casa que quedaba cerca de un bosque. Había vecinos, una calle, tiendas relativamente cerca y todo eso, pero detrás de las casas empezaba una zona con muchos árboles y por ahí ya no había nada. No es que estuviéramos aislados y tampoco se imaginan un bosque como de película. Era una zona bastante humilde.

Durante el día no tenía nada de especial. Era un barrio más bien aburrido. De noche sí era diferente, porque prácticamente después de los primeros árboles ya no alcanzaba a saber nada.

Desde que llegamos a esa casa empezaron a suceder cosas que mi mamá atribuía a los duendes. Y digo que mi mamá, porque mi papá y yo nos reíamos un poco de ella. Mi mamá nació y creció en un pueblo. Creció escuchando historias de este tipo. Brujas, cosas que se aparecen en los caminos. Gente que se convierte en animales por la noche. Todas esas cosas para ella son posibles.

No necesariamente decía que todo fuera verdad, pero tampoco se burlaba como nosotros. Ni siquiera de las historias más locas. Entonces, cuando comenzaron a desaparecer cosas en la casa, ella fue la primera que dijo que probablemente había un duende por ser una casa tan cercana al bosque. Lo que pasaba era muy sencillo. Y sé que a mucha gente también le pasará. Se nos perdían... cosas. Las llaves, un zapato, el control de la televisión. Alguna cosa que mi papá necesitaba para irse a trabajar. Y lo extraño es que esto empezó a ocurrir muy, muy seguido. Recuerdo especialmente las mañanas, porque a veces mi papá ya estaba desesperado buscando algo y mi mamá le decía, pídeselo. Mi papá le preguntaba a quién. Al duende, le decía a ella. Pídele que te lo regrese. Obviamente mi papá se reía, yo también, pero mi mamá insistía en que así se hacía. Que tenías que pedirle las cosas mientras las buscabas y que tardo o temprano te las iba a regresar. Y bueno, terminábamos haciéndolo. Y eso es algo que recuerdo porque al principio lo hacíamos jugando. Decíamos en voz alta algo como, ya regrésame las llaves, ya me tengo que ir. Y seguíamos buscando. Y aparecían. Les juro, querida comunidad, que aparecían. Muchas veces aparecían donde jurábamos que ya habíamos revisado.

Una vez incluso recuerdo que mi papá se quedó viendo a mi mamá con las llaves en la mano, como queriendo preguntarle algo, pero al final no dijo nada, porque tampoco era algo que pudieras comprobar. Si las llaves aparecieron sobre una mesa, pues, probablemente siempre estuvieron ahí y tú no las viste. Esa era la explicación que nos dábamos. Pero después volví a pasar. También parecía que cuando íbamos a salir todos juntos era cuando más cosas desaparecían. Siempre faltaba algo, una cartera, unas llaves, cualquier cosa que nos obligara a quedarnos buscando unos minutos más. Mi mamá decía, por algo no quieren que salgamos, y nosotros otra vez nos reíamos, pero en el fondo sentíamos que a lo mejor, que a lo mejor sí. Creo que así fue como nos acostumbramos. Mientras fueran cosas perdidas, tampoco parecía algo para tener miedo. Incluso llegó un punto en el que yo ya hacía lo que decía mi mamá sin pensarlo demasiado. Si no encontraba algo, pedía que me lo regresaran. Y sí, aparecía. Después comenzaron otras cosas.

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