Listo, pero no sabio
LA DOSIS DIARIA ROKA
October 15, 2026
Listo, pero no sabio
Speakers William Arana
TopicsReligion & Spirituality
SPEAKER_1 (0:17)
La dosis diaria con William Arana.
William Arana (0:24)
La siguiente historia, además de sacarme una sonrisa, me dejó pensando en algo muy profundo y quise compartirtelo.
Resulta que un médico jubilado decide colocar un cartel en la puerta de su casa que decía curó cualquier enfermedad por 200 dólares. Si no logró curarte, te devuelvo los 200 y además te regalo 500 dólares más.
Un joven que pasaba por ahí leyó este anuncio, soltó una carcajada y pensó, ah, este viejito está loco. Le voy a sacar esos 500 dólares fácilmente. Y así fue al otro día. Llegó al consultorio. Doctor, tengo un problema gravísimo. He perdido completamente el sentido del gusto. No puedo saborear absolutamente nada. El médico lo observó tranquilamente y llamó a su asistente. Por favor, señorita, tráigame el frasco número 22 y póngale tres gotas en la lengua a este joven. La asistente obedeció. Apenas las gotas tocaron su lengua, el joven gritó, mmm, que asco, esto es gasolina. El médico sonrió y le dijo, ah, felicitaciones. Ha recuperado el sentido del gusto. Son 200 dólares.
El muchacho furioso pagó y se marchó, pero no estaba dispuesto a perder. Una semana después regresó con otro plan. Doctor, tengo un problema terrible. He perdido la memoria, no recuerdo absolutamente nada. El médico volvió a llamar a su asistente y le dijo, señorita, tráigame el frasco número 22 y póngale tres gotas en la lengua. El joven saltó de la silla. No, doctor, ese es el frasco de la gasolina que me dio la semana pasada. El médico sonrió. Maravilloso.
También recuperó la memoria. Son otros 200 dólares. El joven salió indignado. Ya había perdido 400 dólares, pero regresó por tercera vez convencido de que ahora sí engañaría al anciano. Doctor, he perdido la vista. No puedo ver absolutamente nada. El médico lo examinó y le dijo, hijo, lo siento mucho. Para esto sí no tengo tratamiento, así que debo cumplir mi promesa y darte los 500 dólares. Sacó un billete y se lo entregó. El joven apenas lo recibió, exclamó, pero doctor, este billete es de 20 dólares, no de 500 Y el anciano respondió, felicitaciones, también recuperaste la vista, son otros 200 dólares.
Jajaja, qué historia, ¿verdad? ¿Sabes qué fue lo que más me llamó la atención de todo esto? Que aquel joven fue tres veces buscando demostrar que era más inteligente que el médico y las tres veces terminó siendo víctima de su propia arrogancia. Y eso también nos puede pasar en la vida. Sí, hay personas que por querer ganar siempre terminan perdiendo lo más valioso. Por querer tener la última palabra, se destruyen relaciones. Por querer demostrar que nadie puede engañarlas, terminan engañándose a sí mismas. ¿Y. sabes qué dice nuestro manual? Nuestra palabra de Dios, la Biblia dice en Proverbios 16, 18, el orgullo va delante de la destrucción y la arrogancia antes de la caída. Es una tremenda verdad. Sí, porque el problema de aquel joven no era la falta de inteligencia, era el exceso de orgullo. Porque una cosa es ser inteligente y otra muy diferente es ser sabio. La inteligencia puede ayudarte a ganar una discusión, pero la sabiduría nos enseña cuándo no vale la pena discutir. Y sabes también que es hermoso lo que dice en la Biblia en Santiago 3,13.
Si alguien es sabio y entendido, debe mostrarlo mediante una buena conducta y obras realizadas con humildad. ¿Te das cuenta? Dios no nos ha llamado a demostrar que somos superiores a los demás. No, nos llamó a vivir con humildad, con prudencia y con sabiduría. Y hoy en estado sí surgió una pregunta para nosotros. Contestémosla, así entre nosotros y para nosotros mismos. ¿Cuántas veces hemos perdido la paz por querer tener la razón? ¿Cuántas veces el orgullo nos ha costado más que aquello que pretendíamos ganar? Hoy hay que recordar que no siempre pierde el que guarda silencio, ni siempre gana el que tiene la última palabra. Y jamás podemos olvidar que el orgullo quiere demostrar cuánto sabes y la sabiduría demuestra cuánto hemos aprendido. Señor, gracias por este nuevo día.
Hoy, Padre, te pido que nos ayudes a despojarnos del orgullo que a veces nos ciega, de la arrogancia que nos hace creer superiores a los demás y que en esa necesidad de querer tener siempre la razón, caemos. Danos un corazón humilde, una mente prudente y la sabiduría para saber cuándo hablar y cuándo callar. Padre, que no perdamos nuestra paz por alimentar nuestro ego, ni lastimemos a quienes amamos por querer ganar una discusión.
Enseñanos a vivir con la sabiduría que viene de ti, en el nombre de Jesús. Amén. Te mando un abrazo, le pido a mi padre te bendiga y solamente recuerda, hay victorias que salen demasiado caras, especialmente cuando para ganarlas tenemos que perder la humildad. Un abrazo.
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