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clame y respondiste

LA DOSIS DIARIA ROKA

October 5, 2026

Dios escucha mis peticiones

Speakers William Arana

TopicsReligion & Spirituality

William Arana (0:01)

El alimento que tu alma necesita Para que puedas comenzar un nuevo día La Dosis Diaria Con William Arana Quiero comenzar esta dosis preguntándote a quién clamas tú cuando tienes problemas. A un amigo, a la familia, a los hijos. Claro, uno clamará, depende a quién a quién uno le crea o en quién tenga mejor puesta su confianza, ¿verdad? Yo recuerdo que en el programa El Chapulín Colorado decían, Oh, ¿y ahora quién podrá defenderme? Y yo no sé usted a quién le dirá, ayúdeme, defiéndame. Depende si es económico su problema, se dirá, voy a llamar a tal persona porque es la persona que me podrá ayudar.

Un día yo me encontraba desesperado porque porque estaba afligido de físicamente, de mi espalda, de un par de hernias y yo luchaba contra esa enfermedad, así que ya no podía más. Me había mirado un médico, el otro me habían hecho terapias, de todo. No había solución. Yo recuerdo que me bajé y me encerré en el lugar que teníamos en ese momento para orar y le clamé a Dios y le dije, Señor, ya no aguanto más. Ayúdame. Si tú quieres que yo te sirva, Señor, así de como estoy con este problema, está bien, pero yo sé que tú puedes sanarme.

Ayúdame en el nombre de tu hijo. Te lo pido. Le clamé al Señor. O sea, fue una oración de todo corazón, sincera y así de sencilla fue mi oración. Pero Dios estaba esperando que yo me declarara impotente porque él no puedo más. Necesito que tú actúes. Yo ya hice lo que tenía que hacer. Fui al médico. Me han hecho por aquí y por allá y sólo tú puedes sanarme, Señor, sólo tú puedes sacarme de esto.

Si tú quieres que yo te sirva así con este dolor, ok, pero yo creo que podría servirte mejor de otra manera.

Y sabes una cosa, Dios me respondió. ¿Por qué? Porque me declaré impotente para que él actuara.

Dios estaba esperando eso, yo creo. Yo creo que hoy es un tiempo de clamarle al Señor. Yo creo que estamos en un tiempo de decirle, Señor, haz algo. Yo no sé si tú te sientas agobiado, agobiada, sin esperanzas, pero yo creo que hoy es un tiempo de clamar a Dios y de reconocer que sin su ayuda no vamos a poder avanzar. Y ninguna situación conflictiva, económica, sentimental, emocional, yo no sé, va a llegar a fin ese problema si nosotros no clamamos a Dios. Yo quiero decirte algo que dice la palabra de Dios. Dice en el Salmo 57, verso 1 al 3, dice, ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí, porque en ti ha confiado mi alma y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos.

Clamaré al altísimo Dios, al Dios que me favorece. Él va a enviar desde los cielos y me salvará de la infamia del que me acosa. Dios enviará su misericordia y su verdad. Tal vez lo más probable es que la mayoría de nosotros comencemos a clamar a Dios cuando nos encontremos en momentos de desesperación. Quizá en este tiempo es difícil creer que pueda haber esperanza para la humanidad. Tal vez a lo que encendemos la radio, a lo que vemos el televisor, a lo que miramos los teléfonos en nuestras redes sociales, las noticias, son desalentadoras. Y lo que predomina es solo cosas negativas. Lo único que haces es decir, dónde está Dios en todo esto, ¿verdad? Es posible que no podamos conocer la voluntad de Dios en una situación como en la que estamos, porque en lo único en lo que nos enfocamos es en el problema. Pero lo mejor que podemos hacer hoy, y te lo quiero decir con autoridad, en este momento, es clamar a nuestro Padre y estar seguros que Él va a oír a sus hijos que se encuentran en medio de la necesidad. Hay una gran diferencia entre clamar a Dios y orar a Dios. En la oración, yo ahorro mi corazón al Padre. Vengo delante de Él y vacío ese corazón delante de su trono y escucho lo que Él quiere decirme. Pero cuando clamamos, sucede algo más, porque en este momento estamos tan sensibles, ya sea por el temor, por el pánico, por el dolor, que no podemos evitar rendirnos ante su presencia, ante su majestad. Así que si hoy, repito, estás cansado, sin esperanza, agobiado, es tiempo de clamar. Es tiempo de reconocer que sin su ayuda no vamos a poder avanzar. Ninguna situación conflictiva va a llegar a su fin. Si no interviene, ¿quién tiene que intervenir? Así que tenemos que clamar a nuestro Padre Celestial.

Él no es sordo, no. Él tampoco va a pasar por alto la necesidad tuya o mía. Este desierto en el que estamos, el Señor va a escuchar el clamor de angustia, como lo hizo con Moisés y le respondió de inmediato. ¿Tú crees que lo puede hacer contigo? Pues entonces vamos a clamar, a buscar la presencia de Dios. Mira lo que dice la Biblia en el Salmo 34, 15, 17 Dice que los ojos de Jehová están sobre los justos y atento sus oídos al clamor de ellos. La ira de Jehová contra los que hacen el mal para cortar de la tierra la memoria de ellos. Claman los justos y Jehová oye y los libra de todas sus angustias.

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