5 ESTRELLAS NBA QUE NADIE VIO VENIR 🏀
Ritmo NBA - Álvaro Martín
September 20, 2026
Son cinco y todos tienen algo en común: casi nadie vio venir lo que serían. Cinco caminos improbables hacia la NBA que terminaron en títulos, premios y carreras históricas. Estas son las estrellas que el básquetbol casi dejó pasar. Por Álvaro Martín.
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Álvaro Martín (0:00)
Hay historias en NBA que se escribieron solas. Se escribía desde un principio que este jovencito de 14 años tendría una carrera fulgurante en la NBA. Ahí puedes colocar a personajes como LeBron James, como Kevin Durant, como Tim Domkamp y por supuesto como Michael Jordan. Todos elegidos entre los primeros puestos de un draft y todos destinados a tener una carrera sobresaliente que desembocará en el caso de todos, si no lo han hecho ya, en el salón de la fama. Pero hay otras historias que empiezan en otro lugar. Y no se escriben con antelación. Comienzan en un aeropuerto, limpiando pisos. O como un administrador del equipo de baloncesto, pero barriendo un gimnasio. O en el banco de una secundaria sin jugar. O en un equipo en otro país, del cual nadie ha visto ni un solo video. Hoy vamos a hablar de cinco jugadores en algún momento de su camino hacia la NBA. Fueron esencialmente invisibles. Nadie esperaba que fueran estrellas. Hablamos de los que nadie reclutó, que nadie drafteó a tiempo, o nadie miró dos veces. Y que, contra todo pronóstico, terminaron reescribiendo su lugar en la historia de este deporte. Y no incluimos al que ustedes y yo conocemos también, que es el caso, por supuesto, de Manu Ginobili. Vamos a empezar quizás con la historia más extrema de todas. Dennis Rorma ni siquiera era capaz de ser parte de su equipo de baloncesto de la secundaria, la South Old Cliff, en la parte sur de Dallas.
No era un jugador mediocre, en potencia, sin desarrollar. Sencillamente no jugaba. Y peor aún, tampoco tenía talla en ese momento. Medía un metro ochenta al graduarse, ni siquiera seis pies. Y su versión de esos años no se asemeja ni remotamente al jugador que vimos más adelante en su carrera y su paso por la NBA.
Al terminar la secundaria, él no tenía ningún tipo de plan alrededor de jugar básquet, ni siquiera de forma competitiva. Consiguió trabajo como un portero en el turno de noche, o sea, pasada la medianoche, en el aeropuerto de Dallas-Fort Worth. Y ahí fue donde, según el cuenta, su cuento tocó fondo. Se le ocurrió, con el palo de una escoba con el cual barría el piso, tratar de robar relojes de una tienda del aeropuerto, lo agarraron, por supuesto, y pasó una noche en la cárcel.
Lo que cambió todo no fue una decisión, en realidad fue su cuerpo. En apenas un par de años después de graduarse, Ronan pegó un estirón de casi 30 centímetros. Pasó de metro ochenta a metro noventa y siete. O sea, seis seis, de repente.
De un día para el otro, tenía una altura que nunca había tenido. Y de hecho, hasta ese momento tampoco tenía hábito alguno para poder aprovecharla. Un amigo de la familia le avisó a un entrenador de Cook County Junior College, una pequeñísima universidad de dos años en Texas, de este chamaco altísimo que jugaba en las canchas del barrio.
Rodman consiguió un lugar ahí, pero apenas duró un semestre, porque la parte académica y él no se entendían.
Terminó entonces en Southeastern Oklahoma State, al norte del estado de Texas, en una universidad de muy bajo perfil, que era ciertamente perfecto para él.
El problema es que estaba muy lejos, remotamente lejos de cualquier evaluador de talento de la NBA. Sin embargo, ahí explotó promediando 25 puntos y 15 rebotes en las últimas dos temporadas. Eran muy buenos números, pero a un nivel que no sorprendía a nadie para la NBA. Esta es un nivel, es una universidad chica, de poco nivel competitivo, así que las revientes, eso no importa.
Aún así, Detroit Pistons se la rifó y lo fiche en la segunda vuelta del draft del 1986 en la posición 27 El resto es ya historia conocida. Rodman se convirtió en el mejor reboteador de su generación.
Lideró la NBA en esa categoría por siete temporadas consecutivas. Ganó cinco títulos, dos con Detroit, tres con Chicago Bulls, y se quedó con el premio al mejor defensor del año en dos ocasiones. Y en el 2011 ingresó en el Salón de la Fama. El jugador que ni siquiera podía ser parte de su equipo secundaria, terminó no solamente jugando en la NBA, terminó en el Salón de la Fama como un gran jugador, mítico jugador de la NBA. Pasemos a otra historia de invisibilidad total, pero esta es mucho más reciente. Jimmy Pollard se formó en Tomball, en una localidad pequeña, un pueblo pequeño en el estado de Texas. Pero no se llevaba muy bien y no se comportaba muy bien tanto. Así que su madre, cuando tenía 13 años de edad, literalmente lo expulsó de la casa y dijo, no te quiero ver más. Lo expulsó de su vida.
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