#235 ✅ Lo aburrido funciona: Resultados mi Reto de 90 días
Mi Mejor Versión con Isa Garcia
October 11, 2026
¿Qué pasa cuando haces todas las cosas correctas… pero durante semanas sientes que absolutamente nada está cambiando? Hace unos meses empecé un reto de 90 días para volver a mi, para poner la casa en orden y salir de una temporada en la que me sentía apagada, desmotivada y desconectada de mí.
Speakers Isa Garcia
TopicsEntrepreneurshipBusiness
Isa Garcia (0:00)
Hoy nos traigo noticias, pero son noticias increíblemente poco Instagramiables, poco glaburosas y muy poco sexys. Resulta que estar súper bien y tratada funciona y me hace sentir increíble. Resulta que comer suficiente proteína funciona y me da excelentes resultados.
Resulta que hacer ejercicio tres veces por semana consistentemente da excelentes resultados. Y oh sorpresa, resulta que tomar los suplementos que tienes que tomar todos los días por meses funciona y da excelentes resultados. Oh sorpresa, en mayo publiqué el episodio 219 llamado Poner la Casa en Orden con un reto para regresar y volver a mí. Fue el principio de un reto de 90 días que me diseñé a mí misma porque llevaba más de un año y medio sintiéndome súper desconectada de mi cuerpo, súper desmotivada con mis hábitos, estaba harta de sentirme así y estaba súper apática y súper como que desmotivada. Sabía lo que tenía que hacer para sentirme mejor, pero no lo estaba haciendo y llevaba ya tanto tiempo sintiéndome como apagada, estancada, desconectada, que ya me estaba acostumbrando a que ese sea obviamente el nuevo normal y estaba ya hasta aquí, estaba harta, aunque estaba totalmente desmotivada y con muchísima pereza de empezar. No es que tenía ganas de hacer cambio, no estaba en esa energía de motivación de 1 de enero, tipo transformemos nuestras vidas, pero sabía que ya era hora de hacer algo al respecto. Así que me diseñé un reto de 90 días, diseñé un tracker que se los compartí completamente gratis y decidí hacer un súper buen experimento largo, realista y sostenible. Y hoy regreso meses más tarde a contarles todo lo que aprendí, qué pasó, cómo fue y confirmarles y reportarles que efectivamente las cosas más básicas, más aburridas y menos sofisticadas que ya sabemos que nos hacen bien funcionan y dan excelentes resultados. O sorpresa, me siento radicalmente diferente que en mayo, me siento radicalmente mejor después de esos 90 días que cuando comencé. Pero aprendí demasiado durante esos 90 días sobre lo que realmente significa hacer cambios en nuestros hábitos, lo que realmente significa avanzar, progresar y lograr resultados cuando se trata de estos cambios de estilo de vida. Pero muchas de las cosas que vamos a estar hablando hoy que se las voy a compartir, les vas a poder aplicar para cambiar hábitos, pero también a los negocios, a la creación de contenido, a las relaciones que te importan en la vida. Porque al final del día, todos estos principios psicológicos que funcionan para mantenernos en la cancha, en la dirección correcta y acumulando las repeticiones correctas en camino hacia donde queremos terminar, son los mismos principios que cuando logramos encontrar que funcionan en un área de nuestras vidas, los podemos replicar. Así que vas a poder aplicar muchísimas de las cosas de las que vamos a hablar hoy para tomar cualquier área de tu vida donde sea que estás frustrada o cansada o harta de sentirte estancada en un lugar para realmente identificar qué puedes hacer hoy y en los siguientes 90 días para lograr resultados sostenibles. Lo que más me sorprendió fue que durante esos primeros 90 días, y digo primeros porque volvimos a empezar otro reto de 90 días de lo mucho que nos gustó y de lo bien que nos funcionó. Pero en esos primeros tres meses no hubo ningún día específico de resultados maravillosos. No hubo un día a lo largo de esos 90 días donde fue como que todo mágicamente cambió o amanecí con una seguridad y certeza de que estaba funcionando. 90 días es mucho más tiempo, muchos más días, muchas más semanas de lo que parece cuando imprimimos un tracker todo lindo y romántico, hablamos de esto en el podcast. Pasa bien lento cuando estás como adentro de esos 90 días. Pero al mismo tiempo, ya estamos en octubre del 2026 y los meses y los años pasan tanto más rápido de lo que parece que van a pasar. Entonces yo empecé mi reto en mayo, lo terminé en agosto, de repente ya es octubre. Se acabó en un abrir y cerrar de ojos. Pero al mismo tiempo, es paradójico, es irónico que en el día a día pasó lentísimo y se sintió primordialmente aburrido, mundano, insignificante. No estaba avanzando y no estaba dando ningún tipo de resultados. Honestamente, esa es la parte que más me sacudió y que más me voló la cabeza y que más me impresionó. Es cómo puede ser que algo que se siente tan insignificante o hasta inservible en el día a día mientras lo estás haciendo, al mismo tiempo termine construyendo algo que se siente tanto mejor cuando miras para atrás. Cada uno de esos días por sí solo nunca se sintió suficientemente importante o potente como para dar resultados o para cambiar algo en cómo me siento. Aún así, cuando juntas todo, sí cambiaron radicalmente cómo me siento y los resultados que estoy consiguiendo. El reto funcionó tan bien y nos gustó tanto y nos divertimos en realidad tanto y nos reto de una manera súper interesante y súper energizante, porque además lo hice con mi novio, que decidimos comenzarlo otra vez. Así que esta semana volvimos a imprimir un segundo tracker. Volvimos a elegir cinco cosas de las que queremos trabajar y enfocarnos a mejorar y lo volvimos a comenzar para hacerlo octubre, noviembre y diciembre y terminar el año súper bien. Así que este es tu recordatorio si de nuevo lo quieres hacer con nosotros. Tenemos tres meses para acabar el 2026 No me puedo imaginar un mejor momento para hacer un reto de 90 días y poder decir que terminamos el 2026 con un cúmulo y con depósitos en los hábitos en los que nos queremos enfocar y resultados mucho más consolidados. Para hacer este episodio me volví a escuchar el episodio 219 para acordarme cómo estaba, cómo me sentía, lo que estaba pensando y gracias a Dios se siente tan lejano todo lo que dije en ese episodio. Se sintió como cuando tienes una gripe, te nás y estar saludable cuando estás en cama con fiebre, con escalofrío, super congestionada. La idea de estar saludable, con energía y sentirte bien se siente súper lejana y súper distante, pero después llega un día y te levantas bien, ya dormiste bien, de la nada. Tienes energía, te sientes capaz de salir de la cama y ya cuando te sientes bien no te acuerdas realmente lo mal que te sentías cuando estabas enferma y solo sigues con tu vida y lo retomas como si nada hubiese pasado. No es como que hacemos una fiesta, después de tres días de no tener una gripe, no es muy normal estar tirando confeti o celebrando glamurosamente que ahora está saludable. Una de las cosas que empecé a pensar a lo largo de estos 90 días es como la ausencia de sentimientos que no nos gustan. Por ejemplo, la ausencia de ya no sentirme harta o la ausencia de ya no sentirme desmotivada o la ausencia de no sentirme como que y apática. En realidad la ausencia de algunas cosas es más difícil de medir o de pesar o de registrar para nuestra mente que la presencia de esos problemas. Nuestra cabeza es súper buena reconociendo lo feo que se siente, por ejemplo, tener gripe. Pero cuando esa gripe desaparece, nuestra cabeza no registra tanto ni lo reconoce tan bien como cuando estamos saludables. Lo que nos pesa, lo que no nos gusta, por ejemplo, tener una gripe, estar enferma, sentirte desmotivada, pesa un montón. Pero después, cuando creamos nuevos hábitos y están funcionando, eso se empieza a convertir en su propio nuevo piloto automático, eso se vuelve un nuevo normal. Inclusive se siente casual, común, otra vez supermundano y cotidiano. Hablar de hábitos, hablar de cambiar hábitos, hablar de mejorar y transformar nuestras vidas, es hablar de psicología. Y nuestras cabezas son un verdadero trip. Porque, cómo que a veces tratamos con toda nuestra intensidad de cambiar radicalmente algo en nuestras vidas y no funciona, ¿y nos autosaboteamos y esa intensidad nos deja más estancadas que antes? Y al mismo tiempo, ¿cómo que otras veces nuestros esfuerzos pueden sentir súper inservibles o inútiles y no parece que nada está cambiando? Pero sí todo está cambiando. Entonces, llegué a una conclusión a lo largo de este reto de 90 días y es que creo que culturalmente estamos mal entrenados para medir y reconocer el verdadero crecimiento. Creo que tenemos muchos de los principios reales detrás del crecimiento, del progreso, de los avances al revés. El verdadero avance, el verdadero progreso no es tan obvio como parece. Y hay un montón de trampas que nos puede jugar nuestra cabecita para autosabotearnos, para distraernos y para trampearnos. Así que durante este reto fui anotando todas esas impresiones, los aprendizajes, las cosas que no me podía sacar de la cabeza para ahora venir a este podcast y resumir todos los principios y los pilares más importantes que necesitamos implementar y que necesitamos entender de cómo funciona nuestra mente y cómo funciona el verdadero progreso para poder hacer cambios que realmente funcionen, pero por sobre todas las cosas que sean sostenibles y que den resultados a lo largo del tiempo. Así que hoy vamos a hablar de las cosas más efectivas que he encontrado para poderme mantener enfocada, disciplinada y poder recobrar esta motivación y estas ganas de hacer estos cambios en mi estilo de vida y en mis hábitos después de una buena temporada, de estar súper enferma y también súper desconectada de mí. Ya no me siento así. Fue súper loco ver el Podcast219 y reconocer todo lo mucho que puede cambiar en tres meses y al mismo lo poco que se sentía que estaba cambiando durante el proceso. Entonces, cuándo queremos cambiar algo, esa cosa con la que no estás satisfecha o la cosa con la que estás estancada o frustrada, normalmente es súper normal que todos hagamos los siguientes. Mirar cuánto nos falta o mirar lo lejos que nos sentimos de estar donde queremos estar. Es súper normal y natural mirar la distancia entre dónde estamos hoy, dónde queremos estar en unos meses y es muy fácil asumir y decir, OK, mientras más grande esa distancia, mientras más lejos me siento de donde sea que quiero estar, entonces, más grande, más radical y más intenso debería ser el cambio que tengo que hacer para entonces pasar de ese punto A a ese punto B. Somos seres humanos. Obviamente queremos sentir y validar que estamos avanzando. Queremos saber y sentir que está funcionando eso que estamos tratando tan duro de conseguir y eso que le estamos dando tanta energía y tanto de nuestro esfuerzo. Y entonces caemos en esta trampa de querer hacer algo suficientemente grande o radical como para finalmente sentir que ahora sí, las cosas van a ser diferentes y voy a poder salir de esta rueda de hamster. Que ahora sí va a ser diferente y por ende grande, importante, impactante y suficiente. Es súper normal decir no me gusta donde estoy aquí, entonces lo quiero rechazar. Quiero alejarme de donde sea que estoy, de como sea que me siento. Y por ende ahí podemos caer muy fácilmente en esta trampa de pensar que lograr ese cambio u esos resultados extraordinarios vendrá de obviamente hacer cosas intensamente radicales o intensamente novedosas o súper diferentes a lo que sea que estábamos haciendo antes. Pero yo creo que ya todos aquí nos hemos dado cuenta en un área de nuestra vida o en otra que esos pendulazos y esos extremos no funcionan, no son sostenibles, no son realistas y tampoco nos dan resultados consolidados. Esos tipos de resultados enraizados, verdaderos, que duran, que se sostienen. Porque cuando hacemos cambios desde ese pendulazo extremo y radical son bien difíciles de mantener. Y es muy fácil de que se convierta en un ciclo vicioso que puede llegar a ser extremadamente tóxico de vivir en esos dos extremos. Por ejemplo, el extremo de las dietas de el lunes nunca más vuelva a comer azúcar ni carbohidratos y después los fines de semana vuelvo a resetear el reloj porque no es sostenible y me muero de hambre y después nos metemos en una nueva rueda de hamster. Entonces esos pendulazos extremos, esos borrones y cuenta nueva, yo me he dado cuenta que tienden a convertirse en su propio tipo de estancamiento. Se convierten en una nueva rueda de hamster que nos paraliza y nos estanca en el mismo lugar, aunque parece que estamos haciendo cambios súper radicales y súper importantes a lo largo del tiempo. Es como que todos los años hago el mismo cambio radical y constantemente estoy en el mismo lugar y me termino sintiendo igual. Entonces esta idea o estas ganas de tener días perfectos o de estar motivadas todo el tiempo, de tratar que todos los cambios se sientan instagramiables y glamurosos, en realidad no termina dando verdaderos resultados. Así que si ya sabemos que no funciona, ahora tenemos que hablar de cuáles son las cosas que tenemos que entender para que algo sí funcione y para no desperdiciar nuestra energía, para no desperdiciar nuestra motivación, para no desperdiciar nuestro tiempo y nuestros esfuerzos en proyectos de vida que no terminan yendo a ningún lado. Entonces la primera cosa que más me ha cambiado la vida a mí es dejar de ver el lugar en donde estoy como un hueco del que yo quiero salir o como un lugar negativo en el que no me gusta estar o por ende tengo que salir de ahí y llegar a un lugar que no está en un hueco, que no está debajo del piso. Entonces, antes del reto 90 días, el equivalente de eso era que con mis hábitos, con mi cuerpo, con mi motivación, no me gustaba donde estoy. Pero lo primero que hice es no ver a ese lugar, aunque no me gustaba donde estaba, como un hueco que es como inferior al piso o que está por debajo del lugar donde quiero estar, sino más bien desde un lugar completamente neutral, es decir, OK, si yo tomo los últimos 3, 6, 12 meses de mi vida y los mezclo a todos esos días, todos esos hábitos, todo lo que hice, todo lo que no hice, en una licuadora y lo vuelvo un smoothie, lo vuelvo un batido y saco un promedio, puedo decir que hoy estoy parada en un piso que equivale al promedio de lo que yo he estado haciendo y no haciendo en esta última temporada de mi vida. Entonces a mí me gusta decir, OK, donde sea que estoy hoy, en el presente, en el momento real en el que quiero hacer un cambio, lo primero que hago es decir, hoy estoy en un piso promedio de mis hábitos de los últimos seis meses. No estoy parada en el peor día de esos seis meses y tampoco estoy parada en el mejor día de esos seis meses. Estoy parada en un piso promedio de lo que sea que hice o no hice en esos últimos seis meses. Se podría decir que nuestros hábitos, nuestro cuerpo, nuestra salud, es un promedio de todo lo que hemos hecho en toda nuestra vida, en el último año, en los últimos seis meses, pero vamos a utilizar seis meses o 12 meses como una referencia para hacer este ejercicio mental y también explicarles cómo funcionan estos principios. Entonces, puede que a mí me guste dónde estoy parada hoy. Puede que me guste cuál es el piso promedio que he creado en los últimos seis meses, o puede que no me guste dónde estoy parada hoy. Puede que no me guste el piso promedio que yo he creado a lo largo de todos los días de los últimos seis meses. Pero aquí estoy. No es una opinión, no es un siento, no es un creo que e, no es un intuyo, es un hoy estoy parada en el piso promedio y es algo objetivo, es algo que es, es algo que no me está pidiendo su opinión. Es simplemente algo que está ahí y es el promedio en el que estoy caminando el piso que he creado para esta temporada de mi vida. El progreso real es difícil. ¿Por qué es difícil? Porque en realidad el progreso real significa elevar y mejorar el promedio de esos últimos seis meses. No significa perfeccionar o mejorar las últimas 24 horas. Esa es la razón por la cual tú y yo podemos ir al gimnasio hoy día, pero no vamos a salir con abdominales. Esa es la razón por la cual tú y yo podemos haber comido McDonald's los últimos seis meses y hoy día comer una ensalada no nos va a poner de repente saludables. Entonces, la metáfora y la visualización que yo hago para entender cómo funcionan los hábitos es que quiero que te imagines que tienes un vaso de agua limpia, cristalina, filtrada, purísima, y por 90 días seguidos le pones una gotita de colorante azul. Lentamente, día a día, con el pasar del tiempo, el color promedio de esa agua, porque se va mezclando cada vez que tú pones una gotita de colorante, se va volviendo más y más contaminada de ese color azul. El agua que era cristalina de gotita de colorante en gotita de colorante se va mezclando y se empieza a promediar. Si yo todos los días, por 90 días, solo deposito y agrego una gotita de colorante azul, eventualmente el vaso de agua termina siendo azul. Y un día dices, ok, quiero y necesito hacer un cambio, no me gusta que mi vaso de agua esté azul. Y entonces dices, ok, ¿qué tengo que hacer? Tengo que cambiar lo que estoy agregando al vasito de agua. Pero el universo en nuestras vidas solo nos da una gotita de colorante disponible para agregar a nuestro vasito de agua todos los días. Y cada gotita de colorante equivale a 24 horas de vida. Entonces, esta gotita de colorante que tenemos disponible hoy y otra tenemos mañana, no importa qué tan potente o qué tan perfecta o qué tan cristalina, que de otro color sea, nunca una gotita de colorante será capaz de cambiar el resultado o el promedio de todo el vaso de agua que se ha ido acumulando a lo largo de 90 días o 180 días. Por obvias razones, para poder cambiar el color de ese vaso de agua promedio, se va a requerir de que agreguemos un montón de gotitas de otro colorante. Entonces, si empezamos a agregar gotitas de colorante amarillo una por día, va a tomar un buen tiempo hasta que ese vaso de agua se termine de hacer verde y hasta que eventualmente se diluya tanto el azul que termine amarillo. Va a ser todo un proceso de transformación que esa agua va a tener que vivir para eventualmente terminar de otro color y poder como revertir el daño o el impacto que tuvieron todas esas gotitas de colorante azul. Entonces, queramos o no, la cruz realidad es que la situación actual de el piso promedio en el que estamos es igual al color de nuestro vasito de agua. El color del vasito de agua es un promedio de lo que sea que agregamos de gotita de agua de colorante de cada día en el último tiempo, en el último promedio de tiempo. Y la otra cruda realidad de la situación es que todos los días, todos los seres humanos, la vida nos da solo una gotita de agua disponible para elegir qué queremos hacer con ella. Ni una gotita de agua de un mal día, ni una gotita de agua perfecta de un buen día es suficientemente poderosa o potente como para cambiar el promedio del vaso de agua. Lo único que puede cambiar y transformar el resultado, el promedio de lo que tenemos en nuestro vasito de agua, es el promedio de lo que vamos a hacer con cada gotita de colorante que vamos a tener disponible cada 24 horas en los próximos 6, 12 o 24 meses. Y aquí está la parte de esta metáfora que a mí más me liberó porque funciona en las dos direcciones. Si una gotita de el nuevo color, por ejemplo, de colorante amarillo, no es capaz de arreglar la situación del vaso de agua, una gotita más de color azul, asumiendo que el color azul no nos gusta, nos queremos alejar del color azul, y el color amarillo nos encanta. Es lo que queremos lograr, es el resultado que más nos gusta. Una gotita de colorante amarillo nunca va a cambiar el color promedio del vaso, pero una gotita mala, entre comillas, o una gotita de colorante azul tampoco es capaz de arruinar todo el progreso que estás acumulando. Entonces, si una gotita del color que te gusta no es capaz de arreglar toda la situación de la noche a la mañana en un solo día, la gotita del color azul tampoco puede arruinar todo el progreso de lo que hemos estado haciendo en los últimos seis meses. Y entender eso para mí cambia completamente el juego porque significa que nuestro trabajo nunca es cambiar o transformar todo el vaso de agua el mismo día. Nuestro trabajo en realidad es cuidar, decidir y elegir. ¿Qué vamos a hacer con la gotita de colorante que nos va a llegar disponible cada mañana? Es lo único que tenemos disponible. Es el único recurso que podemos controlar. Es el único recurso que podemos elegir. ¿Qué hacemos con él? Yo no puedo regresar en el tiempo. Yo no tengo una máquina del tiempo y yo no puedo regresar a enero del 2026 para cambiar las gotitas de colorante que yo puse en el vasito hace tres meses. Tampoco puedo adelantarme con una máquina del tiempo al futuro y decidir y confirmar y comprobar y asegurarme de que de ahora en adelante solo voy a agregar gotitas de colorante amarillo la próxima semana o el próximo mes o el próximo año. Lo único que tengo en frente es la oportunidad que tengo hoy con este un recurso que equivale a mi un día de vida y a la energía que tengo en mi un día de vida. Entonces, cuando yo diseñé este reto o una decisión que para mí fue súper importante y es que yo no quería medir la perfección, porque si yo trato de ser perfecta, ya fracasé desde el día uno y ya de por sí me aseguro sentirme como un fracaso que no sirve de nada, que no soy suficiente. Me voy a sentir desmotivada y así es como terminamos en esos pendulazos o extremos. Nos ponemos de expectativa tan alta que es imposible de lograr, constantemente vivimos en un ciclo de tratar de compensar. Entonces, el reto fue diseñado para elevar de manera sostenible el piso promedio de mi vida y el piso promedio de nuestros hábitos. Y el primer paso para poder elevar el piso promedio es estar bien conscientes de cuáles son las verdaderas oportunidades y los recursos que tenemos para lograrlos. Entonces, en el reto de 90 días yo elegí cinco hábitos en los que me quería enfocar y que quería mejorar y que quería consolidar en mi vida. Y medí 90 días para hacerlos. 90 días sí es suficiente como para cambiar realmente un piso promedio. Una semana no es suficiente, 21 días no es suficiente, dos meses ni siquiera es suficiente, porque yo creo que es recién en el tercer mes en el cual los depósitos que hemos hecho a favor de lo que queremos cambiar empieza a realmente cambiar el promedio de lo que sea que había antes. Entonces, en teoría, si multiplicamos estos cinco hábitos, medí 90 días para acumular la mayor cantidad de goles o la mayor cantidad de depósitos positivos con respecto a cada uno de estos cinco hábitos a lo largo de 90 días. Y mi única meta, mi único objetivo fue la curiosidad de decir, ¿cuántas veces será que logro cumplir con este hábito en los siguientes 90 días? Y el tracker fue simplemente una manera visual de ir registrando estos depósitos positivos. Entonces, si multiplicamos estos cinco hábitos por 90 días, en realidad, me di a mí misma 450 oportunidades de poner una gotita de colorante amarillo en mi vasito de agua que estaba azul. 450 oportunidades de hacer un depósito positivo en el promedio de mis hábitos. Porque cada día me estaba dando la oportunidad de nutrir con una gotita de agua a uno de estos hábitos. Entonces, a lo largo del día, yo en realidad tenía 5 diferentes oportunidades que me generé a mí misma. La una era ejercicio, la otra era comer 100 gramos de proteína, la otra era tomar suficiente agua y suficientes electrolitos, la otra era tomar mis suplementos y la otra era no tomar alcohol. Me generé 450 oportunidades de meter un gol a favor de los hábitos y la transformación que yo quería vivir. Y quiero hacer muchísimo énfasis en la palabra oportunidades, porque para mí esa es la palabra más importante de la psicología del reto. No es que me puse 450 obligaciones, no es que me puse 450 expectativas, no es que eran 450 exámenes que yo tenía la exigencia de aprobar perfectamente o de tener 450 goles. No, porque cada gotita diaria, cada gol, cuesta y cuesta duro. Cada gotita es un entrenamiento. Llegar a hacer ejercicio no es tan fácil para mí. Una gotita es tomarme los suplementos todos los días. Y claramente me estaba costando un montón tomarme mis suplementos porque estoy haciendo un protocolo bien largo y bien grande y me estaba intimidando tanto que no estaba pudiendo hacer algo tan simple como encontrar la motivación para tomar mis suplementos todos los días. Una gotita equivale a comer 100 gramos de proteína. Y eso es súper retador. Significa que en todas mis comidas a lo largo del día prioricé la proteína. Acumular uno de estos goles no es tan fácil como suena, porque entonces cada depósito, cada golazo y el progreso es difícil porque se tiene que elegir no solo una vez, se tiene que elegir suficientes veces en un periodo de tiempo como para cambiar el promedio de lo que estábamos haciendo en la temporada anterior de nuestras vidas. Cuando has venido de una temporada como yo, de sentirte súper desmotivada, súper apagada, súper apática, el hecho de llegar a hacer ejercicio es súper retador. Y aún así solo equivale a una gotita de un nuevo colorante. Entonces eran 450 oportunidades de depositar algo bueno en mi vasito de agua, pero yo sabía que no iba a tomar las 450 oportunidades y mi expectativa nunca fue completar todas las oportunidades a lo largo de los 90 días porque eso hubiera sido completamente imposible. Yo estaba consciente y empecé el reto y lo diseñé desde el principio sabiendo. Y esto es importante. Tenemos que saber y planificar también para los malos días. Tenemos que saber y planificar para los días en los que estamos cansadas o con cólico o que nos da una gripe o que estamos teniendo un día súper triste o que recibimos una mala noticia o que estamos completamente quemadas o que pasó algo inesperado. Y a mí me gusta siempre ser súper realista y honesta con estas cosas, con mis expectativas hacia mí misma. Yo sabía que en este reto iba a tener días en los que no iba a tomar suficiente agua. Yo sabía que iban a haber días en los que no iban ni siquiera a llegar cerca de comer 100 gramos de proteína. Yo sabía que habían semanas en los que no iba a ser tres de entrenamientos porque tenía viajes o porque iba a salir a comer o porque iba a tener días caóticos. Hay una gran diferencia entre planificar nuestra vida con una expectativa de que vamos a ser unos robots perfectos o planificar nuestra vida y diseñar sistemas y metas completamente realistas para toda la gama y el rango de experiencias humanas que son partes de todas las semanas y todos los meses como seres humanos. Aquí está la diferencia y lo que hace para mí que algo funcione o fracase y es qué hacemos y cómo nos tratamos y cómo nos hablamos y cómo rediseñamos nuestras metas al día siguiente de no haber cumplido con la promesa que te hiciste o la meta que te hiciste. Que si yo me pongo la meta y me hago una promesa de cumplir con estos hábitos por 90 días a la perfección, yo ya me estoy disparando en el pie. Porque yo sé que no voy a poder cumplir con esa promesa a mí misma. Entonces, mi responsabilidad es primero hacerme también mejores promesas a mí misma, promesas que sean realistas e incrementar todas las probabilidades que yo tenga en las manos para asegurar o incrementar las probabilidades de que esto sea exitoso. Entonces, yo creo que todo se trata en estos retos y en estas metas de qué hacemos en los días malos, en los días en los que no nos cumplimos, en los días en los que se sienten como una caída o un obstáculo. La opción más común y culturalmente la que yo creo que no funciona es ver a este vasito de agua y decir, ups, hoy me caí del tren, hoy no cumplí con lo que me prometí, no fui perfecta. Por ende, significa que no puse la gotita de colorante que yo quería en mi vaso, no pude poner la gotita de agua amarilla a favor de lo que quiero construir, así que ahora tengo una deuda. Y por ende, mañana mi trabajo es voy a ver cómo encuentro la manera de no poner solo una gotita perfecta y cumplida y disciplinada, sino que ahora mi responsabilidad es mañana poner dos gotitas para compensar y pagar la deuda que cargo de lo que no cumplí perfectamente ayer. Pero sorpresa, al día siguiente o tres días después vuelve a pasar y ahora, ups, no solo debo dos gotitas perfectas, ahora debo cinco gotitas perfectas y después debo y estoy en deuda de diez gotitas de colorante amarillo de diez golazos. Y eventualmente esa deuda empieza a crecer y esa deuda de algo que debemos, de algo que no hicimos, de un hueco por rellenar, se empieza a convertir en tanta decepción o en tanta frustración que la deuda se vuelve tan grande, que se vuelve tan pesada y tan irreal que algún día la vamos a poder como compensar o terminar de pagar. Empieza a ganar intereses, empieza a volver su propia bola de nieve y empiezo a sentir que fracasé tanto, que debo tanto, que estoy tan endeudada, que estoy metida en un hueco de tanta deuda que no logré rellenar, sino que seguí cavando. Que mejor porque no solo tiro a la basura y me convenzco a mí misma que en realidad no necesito cambiar. No estoy tan mal. Mejor ya nada, mejor tiremos la toalla y todo bien, el próximo mes volvemos a intentar y ahí es cuando se empieza a volver ese ciclo vicioso, esa rueda de hamster, ese estancamiento a largo plazo que nos deja, inclusive muchas veces, peor de donde estábamos cuando comenzamos. Porque psicológicamente terminamos con una deuda más grande de no ser suficientes, de no haber logrado, de no haber cumplido. Entonces yo creo que somos buenísimos como seres humanos, convirtiendo lo que sea que no hicimos ayer en una deuda que tenemos que pagar hoy o mañana. No entrené ayer, entonces mañana tengo que compensar y entrenar el doble. O comí fatal el fin de semana, entonces ahora el lunes tengo que restringir para compensar. Si no trabajé suficiente la semana pasada, entonces esta semana tengo que trabajar más para compensar. Si no publiqué contenido en tres días, ahora se siente tan intimidante con pensar que me desaparecí de redes sociales que ahora estoy tanto más atrasada que mejor para qué ni siquiera intento. Mejor me desaparezco seis meses. De repente, estas deudas psicológicas, estas deudas mentales se vuelven tan grandes que ahora ya no solo es que tenemos que hacer lo que nos prometimos en el día de hoy, ya no solo tengo que cumplir con mis cinco hábitos, ya no solo tengo estas gotitas de agua disponibles, ahora también estoy cargando psicológicamente en mi cabeza todas las deudas que supuestamente debo del pasado. Y entonces aquí es donde está la trampa, la sacudida y el baldazo de agua fría para mí. Es que no existe tal cosa como no haber puesto una gotita de colorante en tu vaso de agua. Todos los días que estamos vivas representan una gotita de colorante. Tal vez no me gusta el color de colorante que yo puse con mi día de hoy, que no me guste o que no esté satisfecha o que no esté alineado con lo que yo quiero hacer o lograr. Eso no significa que ese día no existió y que algo no se depositó. Simplemente significa que la gotita de colorante que sí coloqué no mejoró el promedio, no le sumó, no le ayudó a mejorar y a sumar el promedio. Simplemente le diluyó y le mantuvo en el mismo lugar. Pero sí puse todos los días de esos 90 días, aunque yo no haya tomado el agua, aunque yo no haya hecho mi entrenamiento, aunque yo no haya llegado a los 100 gramos de proteína, sí estuve viva y algo hice con mi tiempo, algo hice con mi energía. Tal vez puse una gotita de colorante medio como que, tal vez puse una gotita roja, tal vez puse una gotita de un color que no me encanta, tal vez puse una gotita de agua de un color que no me acerca a donde yo quiero ir o donde quiero estar en seis meses. Pero de que puse una gotita de colorante, tal vez una gotita de agua neutral no tiene color, no le cambió muy radicalmente a nada. Pero cada día se agregó una gotita de agua o de colorante de algún color. Algo puse. No existe tal cosa como no haber agregado algo porque todos los días de nuestras vidas representan un día más de vida. La otra trampa es pensar que mañana solo porque yo decidí, si me esfuerzo demasiado por arte de magia, voy a tener dos gotitas de colorante o de agua cuando eso es imposible. No podemos vivir dos días de vida o el equivalente a dos días de vida en un día de vida. No importa que tan perfecto sea nuestro día de mañana, no vale por dos. No importa que tan perfecta sea la próxima semana. No va a compensar por las últimas tres semanas de vida. No hay manera de exprimir extra gotitas de colorante perfectos de un solo día. Lo único que tenemos disponible es una gotita de agua por cada día de vida. Y esa gotita de agua podemos elegir de qué color es, pero no hay tal cosa como desperdiciar una gotita de agua porque lo vivimos. Lo único que sí existe es decir qué tanto me gusta lo que sea que agregué a mi promedio de hoy. Y eso quiere decir que no hay tal cosa como que un día transforme el promedio mágicamente o de la noche a la mañana igual que, como en positivo y negativo, no hay tal cosa como que un solo día arruine todo el promedio. Lo que come en un día no va a arruinar el progreso de los últimos seis meses. El ejercicio que haga o que no haga no es capaz de cambiar el promedio y el piso en el que estoy.
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