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Cómo sea, pero llega

LA DOSIS DIARIA ROKA

August 4, 2026

Cómo sea, pero llaga, no te detengas
Speakers: William Arana
**William Arana** (0:00)
Quiero recordarte algo. El mismo Dios que fortaleció a Pablo es el Dios que hoy te envía esta dosis. Y podrás decir, hasta aquí me ha ayudado el Señor. He peleado la buena batalla. Esta dosis es para ti. Bienvenido.
Hoy quiero comenzar contándote una historia que me impactó profundamente y es que hace algunos años hubo una maratón como hay tantas en tantos países.
Pero esta maratón fue un video que vi y este corredor que estaba a pocos metros de llegar a la meta, ya había corrido más de 40 kilómetros. Su cuerpo ya no respondía y se ve como sus piernas empiezan como a fallarle y de pronto cae al suelo. Todos los que están allí se ven sus rostros, la gente que estaba el público avivando y todo, quedaron callados y sorprendidos, caras de expresión de de de que que está pasando. Porque vieron cuando el hombre cayó al suelo y dijeron aquí terminó su carrera. Pero de pronto ocurre algo que nadie esperaba, ni yo viendo ese video. En lugar de rendirse a este hombre, comenzó a avanzar como podía. Ya no corría, se arrastraba prácticamente, gateaba y cada metro le costaba. Un esfuerzo inmenso. El estadio entero se puso de pie y lo empezaron a aplaudir. No porque fuera ganador, sino porque estaba dando una lección que vale mucho más que una medalla. Cuando finalmente cruzó la meta, yo creo que todos entendieron algo que nos marca y que también me hace hacer esta dosis. Y es que definitivamente hay victorias que no consisten en llegar primero. Hay victorias que consisten simplemente en no rendirnos, como lo hizo este hombre.
Y repito, viendo esta escena, viendo ese video, pensé que así te puede pasar a ti o a mí, a nosotros.
Sí, porque yo sé que a lo mejor estás sonriendo por fuera, pero por dentro llevas esa batalla que nadie conoce. Esas heridas que no dejan cicatrices visibles, pero esas lágrimas que tal vez uno nunca cuenta. Esas noches en las que parece que la fe apenas respira. Y sin embargo, al día siguiente vuelves a levantarte y ahí estás escuchándome hoy. Por eso yo hoy quiero traer esas palabras a colación del apóstol Pablo, cuando al final de su vida escribe lo siguiente. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido fiel. Eso está en Segunda de Timoteo 4-7 en la Biblia, en la palabra de Dios, en el manual de destrucción. Pablo aquí no está diciendo que nunca sintió miedo, tampoco está diciendo que nunca lloró, no nos está diciendo que todo salió bien.
Él había conocido las cárceles, los golpes, el rechazo, las traiciones, la soledad. Y esos momentos en lo que más fácil habría sido era salir corriendo, abandonar. Pero cuando mira hacia atrás, no habla de los milagros o de lo que no, no, no, de lo que logró, no. Habla de algo mucho más grande. Dice, he permanecido fiel, he peleado la buena batalla, porque entendió que la batalla más difícil no era contra las personas, era contra el desánimo, contra el miedo, contra las ganas de rendirse. Y tal vez esa también puede ser la batalla que tú estás peleando hoy. Y tal vez nadie lo sabe. Tal vez, como dije antes, sonríes mientras por dentro estás agotado o agotada.
Es de llorar en silencio esas preguntas que no tienen respuesta. Y si esa eres tú, o si esa eres tú, quiero recordarte algo.
El mismo Dios que fortaleció a Pablo es el Dios que hoy te envía esta dosis. Sí, este audio. Y si has llegado hasta aquí escuchándome, no ha sido porque seas fuerte. ¿Sabes por qué has llegado? Porque la mano de Dios no te ha soltado ni un solo instante. Así no lo entiendas. Así hayan muchos interrogantes, muchas preguntas.
Así que hoy solamente te quiero decir, no te rindas, porque tal vez estás como ese maratonista, arrastrándote.
Pero mientras sigas avanzando, eso quiere decir que Dios no ha terminado contigo. Y yo estoy seguro en el nombre de Jesús que un día vas a poder mirar hacia atrás y podrás decir, hasta aquí me ha ayudado el Señor. He peleado la buena batalla. ¿Quieres orar conmigo? Orar es hablar con Dios. Si quieres, cierra tus ojos y dilo conmigo. Amado Dios, gracias por que tú conoces las batallas que nadie está viendo que tengo aquí adentro. Gracias por que cuando mis fuerzas se terminan, las tuyas nunca se acaban. Gracias por este audio que me mandas hoy. Y hoy te pido que que me ayudes, que me sostengas. Ahora déjame orar por ti. Señor, yo te pido por esta persona que tal vez está cansada o cansada, por el que llora en silencio, por el que ha pensado en rendirse. Hoy te pido que tu abrazo les fortalezca y les recuerdes que no están solos. Que les des nuevas fuerzas, que nos ayudes, papá. Tú prometiste estar con nosotros todos los días y que podamos al final de esta carrera también decir, como Pablo, hemos peleado la buena batalla. Hemos terminado la carrera y hemos permanecido fieles. En el nombre de Jesús, lo creo. Amén. Te mando un abrazo y que Dios te bendiga.

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