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**Carlos Alsina** (0:08)
Pondamos, entonces, que la palabra del día es abandono. Es la palabra que más escucho en las primeras horas de este programa de hoy con Rafa Latorre emitiendo en Ceuta. Abandono. No una sensación, sino un hecho. No sentirse abandonado, sino haberlo sido. Ceuta, que no es Marruecos, está a 1.2 kilómetros de El Ayun, que tampoco lo es. El Ayun, Sáhara occidental. Pocos lugares en África donde esa palabra se haya escuchado más y durante más años, y con mayor duelo, y con mayor desengaño. Abandono.
Pongo los que un director de cine muy reputado, de los grandes, decide ubicar en el Sáhara su próxima historia. No, no es Nolan. No, no es Nolan. Este es un director inventado, construido con las cuadernas reconocibles de directores verdaderos, de hombres verdaderos, muy buenos en lo suyo y muy hombres y muy genios, abusones y en ocasiones violentos. Pongamos que no sabemos por qué este director escoge el Sáhara occidental como pretexto para su nueva historia. El Sáhara en el albor de la segunda república española, después malograda y abandonada. Y pongamos que el famoso cineasta lo que quiere contar no es la historia de una provincia española, sino las relaciones humanas entre personas que habitan mundos distintos, aunque durante un tiempo coincidan en el mismo espacio. Y pongamos que él mismo elige compartir varias semanas en el desierto de ficción que es una isla con alguien que habita un mundo distinto al suyo. Lejano al suyo. Un mundo al que él perteneció en otro tiempo y del que se ausentó para siempre. Se marchó abandonándolo. Pongamos que este director tiene una hija adulta emancipada, una hija de la que apenas sabe nada, que es actriz, como lo fue una vez su madre. Es actriz conocida pero no admirada, con una carrera escasa, a base de seriales y de títulos sin gran relevancia. La actriz que ansía que le llegue ese golpe de fortuna que es un guión soberbio, un personaje con matices y un director de los grandes que haga volar la película y su carrera. Pongamos que la actriz admira al cineasta que es su padre, cuya obra naturalmente ha disfrutado, y que la hija recela naturalmente de ese padre al que ella no ha tratado y cuya segunda vida, sobrio, exitoso, con mujer americana y niños rubios, ella ni siquiera ha rozado. Pongamos que el director tiene una hija herida, herida de abandono.
Pongamos que al cabo de años ignorándose, escoge en conocerse. Bueno, lo escoge él. Haciéndole la oferta que una actriz no rechaza y que una hija herida sopesa. Protagonista de la película sobre el Sáhara, el peliculón que igual le da al cineasta otro Oscar. Ella anhela ser aprobada en talento. Él aún cree posible ser aprobado en redención y buenos propósitos. O acaso no está ayudando a su hija a crecer profesionalmente.
Pongamos que trabajar con alguien a quien te une una relación personal es siempre un riesgo. Y que el riesgo es mayor si la relación, en lugar de unirte, te desune. Y que es incómodo mirarse sin haberse antes conocido. Y que él, tras años eligiendo no verla, ha escogido pasar todas las horas del día mirándola en un rodaje que es una isla, mirándola dentro y fuera del set, en el monitor y en el hotel, actuando y actuando. Pongamos, en fin, que la pregunta es si el abandono se cura, si la herida del abandono cicatriz, si hay cicatrices que nunca llegan, porque ni el tiempo lo cura todo, ni el paso del tiempo tiene por qué embellecer, ni siquiera asear nuestros recuerdos.
Pongamos que no es verdad que una película esté obligada a aliviar al espectador con un desenlace explícito, ni a decidir por él cuál de los posibles relatos que conviven es el más fiel a lo que en esa película en realidad no ha sucedido. Pongamos, en fin, que Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen han escrito una historia universalmente íntima y se la han llevado a una isla y a un rodaje en el que asoma el fracaso emocional que a menudo oculta el éxito y la violencia latente que emiten quienes están habituados a dirigir a los demás para que contribuyan a hacer bueno su relato.
Pongamos que a Rodrigo Sorogoyen ha firmado una de las mejores películas del año y que aunque la haya titulado El Ser Querido, bien podría haberla llamado, también, creo yo, El Ser Herido.
Buenos días, Rodrigo Sorogoyen, y bienvenido.
**Rodrigo Sorogoyen** (5:54)
Buenos días. Buenos días. Vaya pitch has hecho. Te voy a llamar para hacer los pitch y explicarles las películas a los productores.
Y ya he entendido por qué tenéis el aire tan frío. Para la piel de gallina. Tengo la piel de gallina totalmente, después de todo lo que has dicho.
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