Noche de Terror Acampando Sola (historias paranormales artwork

Noche de Terror Acampando Sola (historias paranormales

Relatos de la Noche

July 24, 2026

Una mujer decide pasar la noche sola en un bosque remoto, siguiendo las huellas de un padre al que apenas conoció. Lo que comienza como un viaje íntimo y tranquilo cambia cuando escucha pasos alrededor de su casa de campaña y una voz cantando entre los árboles.
Speakers: Mariana
**Mariana** (0:03)
Me sentía muy sola ahí, acampando lejos de todo y de todos. Pero aún cuando ya entrada la madrugada, escuché que alguien caminaba alrededor de mi casa de campaña. Quien fuera que estaba allá afuera, quería que yo me diera cuenta.
Bienvenidos y bienvenidas a esta doble función de Relatos de la Noche. Comenzamos.
Hola Uriel y hola a todos los que escuchan Relatos de la Noche. Me llamo Mariana y lo que voy a contar me pasó hace justo poco más de dos años, cuando murió mi papá. Durante mucho tiempo pensé que esta historia tenía que ver con él, y no porque crea que fuera su espíritu ni porque haya visto algo que pudiera reconocer como suyo, sino porque yo no habría estado en ese bosque de no ser por él, no habría tenido esa camioneta, ni esa casa de campaña, ni habría sabido que existía aquel lugar. Todo lo que ocurrió esa noche empezó con la necesidad un poco absurda de acercarme a un hombre al que lamentablemente casi no conocí.
Mis papás se separaron cuando yo era muy niña, mi mamá nunca hablaba de él y cuando llegaba a ser lo era para decirme que había sido una persona irresponsable, que no sabía cuidar de nadie y que lo mejor que podía haber hecho era mantenerse lejos. Durante mi infancia un par de llamadas y ya, algunas tarjetas de cumpleaños y una visita que recuerdo apenas, porque yo tendría 5 o 6 años. Después él dejó de aparecer. Mi mamá no permitía que yo lo buscara y con el tiempo, yo también aprendía a no preguntar para nada para evitarle disgustos. Cuando crecí pude haberlo contactado por mi cuenta, claro, pero para entonces ya existía una especie de vergüenza entre nosotros. Yo no sabía qué decirle, él tampoco parecía saber cómo acercarse. Nos convertimos en dos personas que sabían que eran padre e hija, pero que preferían de alguna forma no comprobar qué tan extraños se habían vuelto.
Supe que habían muerto porque me llamó uno de mis tíos, un hermano suyo que irónicamente convivió mucho más conmigo que él. Me dijo que había sido algo repentino, que lo encontraron en su casa y que los días siguientes tendrían que revisar papeles, cuentas, cosas personales. No sentí el dolor que se supone que una hija debería sentir. Eso fue lo que más me afectó, ¿saben? No lloré al recibir la noticia. Me quedé sentada con el teléfono en la mano, pensando que ahora sí se había terminado cualquier posibilidad de conocerlo. Hasta entonces aunque no habláramos, yo podía imaginar que algún día nos encontraríamos, que él me explicaría sus razones o que yo le reclamaría las mías. Su muerte no me quitó un padre, me quitó la posibilidad de tenerlo algún día.
Una semana después mi tío volvió a llamarme, me dijo que mi papá había dejado una camioneta a mi nombre, era una Land Cruiser vieja, de esas que ya no se ven mucho en la ciudad, color verde oscuro, con la pintura quemada por el sol y varios golpes pequeños en las puertas. Se notaba que había vivido mucho, como mi papá.
Cuando fui a recogerla pensé que estaría llena de basura o que tendría ese olor encerrado de los carros que llevan años en limpiarse, pero estaba bastante cuidada. Olía más bien a tierra, a madera, a humo. En la parte trasera había cajas con utensilios para acampar, una hielera, una parrilla vieja, lámparas, una casita de campaña y varias cobijas enrolladas.
Mi tío me dijo que mi papá salía casi todos los fines de semana. No era muy suceable según él. Le gustaba manejar durante horas y dormirse en el bosque. Después sacó su teléfono y me enseñó algunas fotos. En casi todas aparecía la misma que maneta estacionada en trepinos, junto a una fogata o a la orilla de algún río. Mi papá no aparecía en ellas. Había una silla vacía, una taza de metal, un plato, una caña de pescar apoyada sobre una piedra. Eran fotografías de alguien que viajaba solo y que de alguna forma sentía, no necesitaba demostrar que había estado ahí.
Una foto me llamó particularmente la atención.
Se veía la camioneta en un claro rodeado de árboles muy altos. Detrás había un arroyo y a un lado, una piedra plana donde él había colocado una taza. Mi tío reconoció el lugar, me dijo que ese era el favorito de mi papá y que durante años había regresado ahí varias veces.
No sé en qué momento decidí ir, creo que al principio solo quería manejar la camioneta para sentir cómo era. Luego empecé a revisar las cajas, a abrir las bolsas, a imaginarlo a él usando todas esas cosas. Encontré una libreta con rutas, con una letra muy fea, gastos de gasolina y nombres de lugares.

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