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Caminábamos por la avenida. Estaba vacía, como casi siempre a medianoche. Teníamos que cruzar un puente igual de solitario que la avenida, medianamente iluminado. Cuando nos acercábamos a él, vimos algo, algo en el puente, algo que no estaba ahí un momento atrás. Había una mujer de negro a la mitad del puente, simplemente parada ahí sin moverse, mirando hacia las escaleras, hacia donde estábamos a punto de subir, como si nos estuviera esperando.
Hoy, mi querida comunidad, esta noche tenemos preparadas para ustedes tres historias muy distintas entre sí, pero las cuales estoy completamente seguro, son capaces de provocarles pesadillas una vez que terminen de escuchar este episodio. Por eso voy a pedirles que se relajen, que escuchen sin sugestionarse si pueden y que vean esto como historias que ocurrieron a alguien más, pero que no por eso tienen que manifestarse hacia ustedes, porque sería una locura pensar que pueden vivir una experiencia paranormal, solo por escuchar relatos de la noche. No lo creen. Nos adentramos pues en las historias de hoy. Le estamos la bienvenida a Relatos de la Noche.
Hola comunidad, me llamo Juli y les escribo porque hace unas semanas viví algo que siento que es muy digno de contarse por aquí. Empecé a escuchar relatos de la noche a principios de este año, y aunque siempre me han gustado las historias paranormales, la verdad no pensé que terminaría teniendo una propia para compartir con ustedes. Y todo empezó en marzo. Mi novio trabaja en un cinema y sale bastante noche casi siempre. Como vivimos sobre la misma calle, ya se nos había hecho costumbre hablar por teléfono mientras él regresaba caminando a casa. Casi siempre la llamada duraba 25 o 30 minutos, hasta que lo veía pasar por la ventana. Casi siempre la llamada duraba 25 o 30 minutos. Platicábamos de cómo se había ido en el día o simplemente de cualquier tontería para que el camino se le hiciera menos pesado. Él siempre decía que mientras íbamos hablando, sentía que caminábamos juntos. Aquella noche estábamos igual que siempre. Yo ya estaba en mi cuarto, acostada, cuando de repente dejó de responderme. Pensé que la llamada se había cortado. Le pregunté si seguía ahí, si todo estaba bien.
Pasaron unos segundos antes de que me contestara.
Sí, aquí estoy, pero... hay algo raro.
Le pregunté qué pasaba. Me dijo que estaba a unos metros del puente peatonal que tenía que cruzar todos los días para llegar a la casa. Desde abajo alcanzaba a distinguir a una mujer parada justo en medio del puente.
Lo primero que pensé fue que podía tratarse de una persona en situación de calle o alguien esperando a otra persona. Le pregunté si se veía peligrosa, si creía que podían asaltarlo. Le dije que si tenía la más mínima duda, mejor no subiera. Pero respondió con un tono que nunca le había escuchado. No, es que está muy rara.
Le pedí que me explicara de qué estaba hablando. Me dijo que la mujer estaba vestida completamente de negro, que no se movía. Tampoco estaba viéndose a los carros que pasaban debajo del puente. Permanecía inmóvil, mirándose a uno de los extremos, exactamente hacia las escaleras, por donde él iba a subir.
Le insistí en que no cruzara. Le dije que mejor siguiera caminando hasta encontrar otro puente o cualquier lugar donde pudiera pasar la avenida. Él soltó una risa y respondió que no iba a tenerle miedo a una señora parada en un puente. Seguía escuchándolo mientras subía las escaleras. Esperaba que en cualquier momento dijera que ya la había pasado o que estaba bien. En cambio, unos segundos después solamente dijo...
Ya no está. Qué... Qué raro.
Pensé que se refería a que había comenzado a caminar. ¿Cómo que no está? Le pregunté. No. No hay nadie.
Le dije que seguramente había bajado por el otro lado mientras él subía, pero respondió que era imposible. Si hubiera hecho eso, necesariamente habría tenido que cruzarse con él. No había forma de que desapareciera sin que la viera.
El tema míse me olvidó por completo. Hasta hace unas semanas. Ese día fui con unas amigas al mismo cine donde trabaja mi novio. Cuando terminó la película, yo me quedé para esperarlo, para regresar caminando juntos. Al salir de la plaza todavía había bastante movimiento. Varias personas caminaban hacia el estacionamiento, algunas parejas iban adelante de nosotros e incluso en la parada del transporte público había suficiente gente como para llenar un medio microbus. Seguimos platicando, acercándonos cuando precisamente el transporte llegó. Todos los que estaban esperando subieron y en menos de veinte segundos la avenida quedó completamente vacía. El cambio fue muy extraño. De pronto ya no había piatones frente a nosotros y durante varios segundos tampoco pasó un solo automóvil. No recuerdo haber sentido miedo todavía, pero sí una sensación muy rara, como si el lugar hubiera quedado demasiado silencioso demasiado pronto.
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