Topics: Religion & Spirituality
**William Arana** (0:00)
Sigue orando, aunque nadie sepa cuánto has llorado, porque un día alguien podrá mirar lo que Dios hizo en tu vida y preguntarte cómo ocurrió esto y quizá puedas responder lo que hoy tú llamas milagro. Durante mucho tiempo yo lo llame Oración.
Creo que si las paredes de nuestra casa de donde vivimos pudieran hablar, contarían historias que nadie conoce.
Contarían aquella noche que que no pudiste dormir, aquella madrugada en la que te arrodillaste junto a la cama y lloraste.
Aquella noticia que recibiste no quisiste preocupar a nadie y te comiste, te tragaste ese dolor solo o sola.
Esas lágrimas que nadie ha visto, esas oraciones que nadie ha escuchado. ¿Sabes qué me hace pensar esto? Una historia que está en Isaías 38.1. La Biblia cuenta que el rey Ezequias recibió una de las noticias más difíciles que alguien pueda recibir. Llegó el profeta Isaías y le dijo a Ezequias, esto dice el señor, pon tus asuntos en orden, porque vas a morir, no te recuperarás de esta enfermedad. Imaginémonos ese momento, no era una posibilidad humanamente, era una sentencia, porque era el profeta hablando, y cuando el profeta hablaba era la voz de Dios. ¿Sabes qué hizo Ezequias inmediatamente? Lo dice Isaías 38.2, hizo algo que me hizo hacer esta dosis, que me conmovió profundamente. Cuando Ezequias oyó esto, volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor. Eso afirma Isaías 38.2, hacia la pared. Él no buscó una multitud, no convocó al pueblo como rey, no preparó un discurso, no. Simplemente volvió su rostro hacia la pared y habló con Dios. Y tal vez esa pared vio correr lágrimas que nadie más vio. Tal vez escuchó palabras entrecortadas. Pero mientras Ezequias lloraba en privado, el cielo estaba escuchando. Y antes de que Ezequias hubiera salido del palacio, Dios le habló y le ordenó regresar. Entonces, Ezequias le dice, el Señor ha oído tu oración, ha visto tus lágrimas y va a añadir años a tu vida. Eso dice Ezequias 38.5.
¡Qué palabra tan hermosa! He oído tu oración, he visto tus lágrimas, ¿sabes? Dios no solamente escucha lo que dices, también ve lo que lloras.
Y hay lágrimas que nunca necesitaron explicación porque cuando cayeron, Dios ya conoció la historia completa. Porque quizás llevas tiempo orando por algo que nadie sabe, por esa situación económica, por algo que humanamente parece terminado, por ese hogar, por ese hijo. No sé por qué estés orando, porque has derramado lágrimas. Y como todavía no sucede de nada, puedes pensar que Dios guardó silencio. No, te lo he dicho muchas veces, no confundas silencio con ausencia.
Ezequías estaba frente a una pared, pero su oración atravesó el cielo. Escúchame esto, la pared fue testigo de sus lágrimas, pero una nación terminó siendo testigo de su milagro, porque Dios tiene una maravillosa manera de tomar aquello que lloramos en secreto y convertirlo cuando está dentro de su voluntad, en un testimonio de su fidelidad. Por eso hoy te vengo a decir en esta dosis, sigue orando, aunque nadie te escuche, aunque nadie sepa cuánto has llorado, aunque todavía no tengas nada que mostrar, porque quizás estás viviendo el capítulo de tu historia donde solamente existen la pared, tus lágrimas y Dios. Pero ese no necesariamente es tu último capítulo, porque un día alguien podrá mirar lo que Dios hizo en tu vida y preguntarte cómo ocurrió esto, y quizá puedas responder lo que hoy tu llamas milagro. Durante mucho tiempo, yo lo llame oración. No abandones el lugar secreto, porque Dios todavía escucha oraciones privadas, y estoy seguro que todavía puede convertirlas en milagros públicos. Ahora, conmigo, cierra tus ojos, repita si quieres. Dile, padre, ¿tú conoces las oraciones que he hecho cuando nadie está mirando? ¿Tú has visto mis lágrimas? ¿Conoces eso que todavía estoy esperando? Y hoy vuelvo a ponerlo en tus manos. Y te pido, me das fuerzas para seguir creyendo, aun cuando todavía no vea la respuesta.
Que se haga tu voluntad y no la mía, en tu tiempo perfecto, y que algún día aquello que hoy estoy llorando delante de ti, pueda convertirse en ese testimonio, que glorifique tu nombre, en el nombre de Jesús. Amen. Te mando un abrazo. Bendiciones.
**SPEAKER_2** (5:53)
La dosis diaria con William Arana, tu alimento para el alma. Vívela y compártela. Somos Roca Stereo.
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