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LVST 21 de julio de 2026

La Venganza Será Terrible (oficial)

July 21, 2026

La Venganza Será Terrible -  21 de julio de 2026 - LVST 21/07/2026 Más episodios: lavenganzaseraterrible.
Speakers: Alejandro Dolina, Gabriel Rolón
**Alejandro Dolina** (0:12)
Hablaremos, ya que estamos, de antiguas asociaciones de ladrones.

**SPEAKER_2** (0:16)
Atención, amigos.

**Alejandro Dolina** (0:19)
Diodoro de Sicilia ha referido que cuando un egipcio quería dedicarse al robo, no tenía que hacer más que presentarse frente a un jefe de partida y alistarse en una banda. Desde ese momento trabajaba por cuenta de ese jefe, a quien debía llevarle todo el producto de sus zafanos a cambio de ciertos beneficios que se le aseguraban, ¿no? Eso es lo que llamo una organización perfecta del choreo. Se habían dictado incluso terribles castigos contra los afiliados poco escrupulosos, quienes por ahí retenían una parte del botín en vez de acusarlo enteramente. Es curioso ver esto, que los ladrones defienden la inviolabilidad de cierta propiedad, justamente en el momento en que esas propiedades caigan en sus manos, no antes.
Si pongas una joya, hasta el momento en que la ganamos, no es. Se puede robar. Pero una vez que la robamos, ya entonces no, entre nosotros no. Cuando es nuestra, es sagrada. Bien, cuando en Egipto una persona era víctima de un robo, se dirigía a los jefes de las partidas conocidas, de las asociaciones, describía la clase de objeto que le habían hecho, el lugar, las circunstancias del robo, y mediante el abono de la cuarta parte de su valor, recobraba lo sustraído. No es el detalle muy curioso, para el que ha andado mucho por el Gran Buenos Aires, así que no hace falta buscar en el Antiguo Egipto. En la India, la ley de Manu, por su redacción, hace suponer que en aquel lugar había muchas cuadrillas de salteadores. En un apartado, la ley reclama que el rey se dedique con la mayor solicitud a castigar todo atentado contra los bienes de los particulares, y aparecen en esa ley consejos prácticos, por ejemplo, que el rey para descubrir a los ladrones se sirva de hábiles espías. Estos espías deben asociarse con los ladrones y ponerse al corriente de sus maniobras y proyectos para poder delatarlos convenientemente. En la India había familias famosas de chorros. Aquí también. Nombro los de la India, los Barhak, los Sotoria, los Molongui, ellos son de Bengala, los Ramosi en Bombay, los Karabashdu, lo dije mal, Karashbandhu de Jain. Cada miembro de esta familia se dedicaba al robo hasta el fin de su vida. Cuando llegaba viejo debía incluso aconsejar y dirigir a los más jóvenes en estos asuntos. Este hecho tenía que ver con ciertas vertientes del pensamiento hindú según el cual cada criatura se encontraba infaliblemente, inevitablemente mejor dicho, destinada desde su nacimiento al bien o al mal.
Incluso muchos ladrones de estas familias, al defenderse ante la ley, arguían que no hacían otra cosa que seguir su destino, destino que ya estaba previsto en el cielo.
A lo que los jueces que los condenaban a las más terribles penas respondían lo siguiente, nosotros también no hacemos otra cosa que cumplir con nuestro destino. Si su destino, mi querido amigo, es robar.
Y ser capturado a caso, mi destino es condenar sus robos y ya está. Y así es la cosa. Las cuadrillas más ingeniosas de ladrones hindúes eran las que entraban en las llamadas cenanas, con Z. No sé cómo lo escribirían en sácncrito. Las cenanas eran los establecimientos reservados a las mujeres en las viviendas opulentas. Ahí era donde los macánudos tenían todas las menas. Estos grupos procuraban afanar las joyas en esas habitaciones que en general, desde luego, estaban en los sitios más inaccesibles de los palacios, mitad por los ladrones, mitad por los piolas. Sí, claro, se levantaban las minas duras. Exactamente. Bueno, parece que los ladrones o las cuadrillas de ladrones hacían túneles, eran excruciantes, abrían galerías subterráneas a bastante distancia de la casa, caminaban bajo tierra, llegaban debajo del piso, de las habitaciones, y recién entonces, con toda clase de precauciones, entraban en aquellas dependencias durante la noche, y ahí se afanaban, qué se yo, broches de piedra preciosa, cinturones, fajas, prendedores de oro, no sé, turbantes con penachos de rubíes. Para llegar a ser jefe de estas cuadrillas, digo, las que robaban las cenanas, era preciso tener mucha audacia y mucho ingenio para ser robo sutiles. Imagino, por ejemplo, que tenías que saber cómo sacarle a una mina un aro, un collar o una sortija mientras estaba durmiendo, ¿no? Estos ladrones, parece que con mano magistral, robaban y a las chicas ni se les movía un pelo.
Había un estrategema que usaban los ladrones hindúes de otra, más bien los del campo, que a mí me resulta interesantísima, más allá de estos que robaban las habitaciones de las mujeres. Estos muchachos se colocaban en actitudes tales que sus miembros nervudos y retorcidos, ya que siempre se trataba de personas flacas, vistos de lejos parecieran árboles. Se colocaban en posición a la bórea.

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