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La Arpía de Ecatepec y otros relatos paranormales

Relatos de la Noche

September 1, 2026

Hoy hay episodio pesado comunidad. De esos que les va a dar mucho miedo, que los va a confundir, que los va a hacer llorar también. Ya saben que a veces las historias de fantasmas, son historias tristes pero si creen que solo hay eso esta noche, créanme, se van a sorprender.
Speakers: Uriel Reyes

Topics: Drama, Fiction

**Uriel Reyes** (0:03)
Mi padre me pidió que no contara esta historia, no al menos hasta su muerte. Hoy que ya no está, tengo permiso de compartir su relato, el que cambió su vida para siempre, el fenómeno paranormal que rompió a su familia, que la fracturó sin retorno.
Hoy hay episodio pesado comunidad de esos que les va a dar mucho miedo, que los va a confundir, que los va a hacer llorar a lo mejor, también porque ya saben que a veces las historias de fantasmas son historias tristes, dijo alguien por ahí. Y hay más que fantasmas, ¿eh? Si creen que solo hay eso esta noche, créanme, se van a llevar una sorpresa. Estará bueno este episodio, así que no vamos a entretenernos más, es hora de adentrarnos en él, de meternos ya en los siguientes relatos de la noche.
Hola comunidad, mi nombre es Fabiola Gardea y llevo varios meses ya tratando de escribir finalmente esta historia, la historia de mi padre. Y no es porque no sepa cómo contarla, sino porque en realidad nunca me la contaron así completa de una sola vez. Era una historia de mi papá, como les digo. Una que conocíamos mi mamá, mis hermanos y yo, pero que él contaba por pedacitos. A veces soltaba una cosa, después pasaban hasta años y agregaba algún detalle que nunca había mencionado. Mi mamá sabía otras partes porque se las había contado cuando eran jóvenes, cuando eran novios. Creo que nunca se atrevió a recordarla tal como sucedió. Mi papá murió hace unos meses, no quiero entrar demasiado en esos detalles porque creo que todavía me cuesta hablarlo, pero lo menciono porque es importante para explicar por qué estoy escribiendo esto hasta ahora. Él conocía Relatos a la Noche, sabía que yo escuchaba este programa y alguna vez le dije que debería compartir su historia. Me dijo que no. Después él volvió a mencionar y volvió a decirme que no, hasta que una vez, medio jugando, le pregunté si de plano nunca me iba a dejar contarla. Y me respondió, cuando yo me muera, haz lo que quieras, si quieres cuenta hasta las entonces. No sé si lo decía tan en serio, mi mamá me jura que sí, que seguramente sabía que tarde o temprano yo terminaría contándola, pero aun así me esperé, y después de que murió tampoco pude sentarme inmediatamente a escribir. Hace poco empecé a hablar con mi mamá y entre las dos fuimos reconstruyendo todo, yo le decía lo que recordaba que mi papá había contado, ella me corregía algunas cosas, me decía otras que le había confesado a ella, y así fui armando la historia. Esta es, solo me atrevería a contarla aquí, porque aunque no los conozca, los quiero, y esta comunidad me ha acompañado, esta comunidad me ha salvado la vida.
Mi papá creció en San Andrés de la Cañada, en Ecatepec. Quienes conocen por aquí probablemente tienen ahorita una imagen muy distinta de la que él describía cuando hablaba de su infancia. Él siempre decía que entonces todo estaba mucho más solo, tranquilo. Había casas, claro, siempre. Había familias y había movimiento, pero no estaban pegadas unas con otras como ahora, y desde su casa podía ver los cerros. Hasta le gustaba dormir viendo para allá. Esos cerros que son lo único y que se conserva igual ahora. Aunque ahora hay un parque estatal y hasta rutas para ir a caminar. En aquel tiempo para él eran simplemente eso, el cerro que veía desde su ventana. Y el cerro estaba muy solo. Mi papá tenía 12 años cuando pasó esto que les cuento. Tenía un hermano más chiquito que él. Se llamaba Marcos, aunque todos le decían Marquitos. Tenía apenas dos años. Mi abuela tenía que salir a trabajar y muchas veces era mi papá quien se quedaba cuidándolo. Ahorita puede parecer extraño dejar un niño de 12 años al cuidado de otro de 12 Pero así era entonces. Mi papá decía que además él ya sabía hacer muchas cosas. Podía calentar comida, podía prepararle algo sencillo, cambiar a su hermano si era necesario y sobre todo Marcos era un niño muy tranquilo. Eso siempre lo suprayaba. Decía que Marquitos casi nunca lloraba. Era despierto, muy avispado, de esos niños pequeños que entienden más de lo que uno cree. Como un adulto chiquito que nada más no ha aprendido a hablar bien. Mi papá podía dejarlo jugando mientras él hacía otra cosa y el niño ahí se quedaba. No era uno que estuviera llorando por todo ni quisiera demasiados berrinches. Mi abuela bajaba a vender al centro y ellos se quedaban en la casa. Y fue durante estas tardes cuando mi papá empezó a ver a una señora, amiga de mi abuela. La señora bajaba del cerro. Mi papá la veía aparecer por el camino y poco a poco aparecerse en la casa. Siempre iba vestida de negro. Traía un rebozo también oscuro que llevaba sobre la cabeza y tenía una manera muy particular de sostenerlo. Lo agarraba con las dos manos a la altura del pecho y lo jalaba hacia delante, como si quisiera mantenerlo bien apretado alrededor de la cabeza.

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