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Especial de Brujas: Historias reales de encuentros y brujería

Relatos de la Noche

August 25, 2026

En este especial de brujas de Relatos de la Noche reunimos testimonios y relatos familiares sobre encuentros inexplicables, antiguas creencias y experiencias relacionadas con la brujería que han sobrevivido durante años en distintas comunidades de México y Latinoamérica.
Speakers: Uriel Reyes

Topics: Drama, Fiction

**Uriel Reyes** (0:05)
Allí en el pueblo vivía una señora llamada Judencia. Ella tenía muy mala fama. La gente decía que hacía brujería y había quienes aseguraban haberla visto de madrugada, bailando desnuda dentro de una cueva conocida como la Cueva del Gato. Nunca imaginé que terminaría conociendo la verdad detrás de esa señora.
Muy, muy buenas noches comunidad. Antes de iniciar con este episodio, quiero hacerles una pregunta. Cuando ustedes escuchan la palabra Bruja, ¿qué es lo primero que imaginan? Porque hay muchas formas de brujería y aquí lo hemos visto mucho en Relatos a la Noche. Hay quienes hablan de trabajos, de amarras, de entierros, de cosas que se dejan frente a una casa o se esconden donde nadie las encuentre. Hay quienes aseguran que algunas brujas pueden enfermar a una persona, entrar en sus sueños, incluso convertirse en animales. Y también están esas historias que seguramente muchos de ustedes han escuchado desde niños. Las de luces que aparecen por las noches, moviéndose a lo lejos, y que nuestros abuelos decían que eran brujas. Tal vez todas estas historias hablen de cosas completamente distintas, o tal vez de diferentes maneras hablan de lo mismo. Esta noche vamos a escuchar algunas de ellas en este especial de brujas. Así que sin más advertencias, comenzamos con Relatos de la Noche.
Hola Oriol, ¿cómo estás? Te escribo desde El Salvador, y antes que nada quisiera pedirte que si alguna vez llegas a contar esto, mantengas mi anonimato. Llevo mucho tiempo escuchando Relatos de la Noche. Muchas veces de madrugada, cuando todos en mi casa ya están dormidos y pues... Ahora me ha tocado a mí contar mi propio relato. Hay cosas de mi vida que casi nadie conoce y prefiero que siga siendo así. Desde niña me pasaban cosas extrañas. Tengo recuerdos muy vagos porque era muy pequeña, pero recuerdo ver sombras, siluetas que se movían por los pasillos de mi casa. También recuerdo a una anciana que aparecía dentro de mi cuarto. Siempre estaba en una esquina, sentada, tejiendo. Los hilos eran oscuros y yo recuerdo que parecían larguísimos como si nunca se terminaran. No puedo decirte mucho más de ella porque con los años esos recuerdos se fueron haciendo cada vez más borrosos. Los he ido enterrando. Y es que cuando fui creciendo dejé de verla. Las sombras también fueron desapareciendo poco a poco, aunque de vez en cuando todavía alcanzaba a ver alguna hasta hace no mucho. Lo que sí permaneció fue una especie de sensibilidad hacia las personas en mí. Desde joven sentía que podía darme cuenta cuando alguien estaba mintiendo o cuando alguien se acercaba con malas intenciones. Es difícil explicarlo sin que suene extraño. Simplemente había personas que desde el primer momento me provocaban... algo. Y muchas veces después terminaba descubriendo que tenía razón. Durante una época me acerqué mucho a la religión. Iba a los templos, rezaba y trataba de alejarme de todo aquello. Hasta que conocí a Diego. Éramos compañeros de clase. Diego era alto, muy guapo, y de esos muchachos que siempre llamaban la atención. A mí me gustaba muchísimo. El problema era que yo a él no le interesaba absolutamente nada. Creo que incluso podría decir que para él yo era invisible. Y supongo que por eso hice lo que hice.
No recuerdo exactamente cómo surgió mi interés por el tarot, pero empecé a guardar el dinero que me daban para comprar comida en la escuela. Dejé de comprar mi merienda durante semanas porque quería comprarme un mazo. Lo hice escondidas y cuando finalmente junté lo suficiente, conseguí mi primer tarot. Empecé a practicar sola en mi habitación. Al principio realmente no sabía lo que estaba haciendo. Leyé las cartas de manera intuitiva, tratando de entenderlas por mi cuenta, hasta que terminé acercándome a la misma mujer que me había vendido aquel primer mazo. En el pueblo la conocían como Bruja. Ella fue quien comenzó a enseñarme. Y prácticamente todo lo que estaba aprendiendo en ese momento tenía una sola intención. Diego. Él ya tenía novia y yo estaba obsesionada con que se fijara en mí. Así que terminé haciendo un trabajo para él. Fue mi primer ritual de ese tipo y recuerdo perfectamente cómo me sentí después. Me sentía poderosa. Sentía quizás por primera vez que podía hacer algo para cambiar las cosas a mi favor.
También recuerdo que después de ese trabajo empecé a sentir algo diferente dentro de mi habitación. Según lo que yo entendía en ese momento, algo se me había pegado. Yo había hecho un trabajo relacionado con un cementerio, no quiero decir más, y estaba convencida de que aquello tenía que ver con lo que había hecho ahí. Pero lo verdaderamente extraño fue Diego, porque empezó a buscarme. Después de pasar prácticamente desapercibida para él, comenzó a buscarme de una manera desesperada. Y sí, al principio supongo que eso era exactamente lo que yo quería. Había hecho todo aquello para conseguir su atención, pero llegó un punto en que dejó de gustarme. Su comportamiento se había convertido en una obsesión. Yo sentía que incluso su mirada había cambiado. Lo veía y había algo en sus ojos que me parecía vacío. Ya no se trataba del muchacho que me gustaba acercándose a mí. Era una dependencia que empezó a asustarme. Por eso terminé haciendo otro trabajo para tratar de detener aquello. Para entonces ya estaba metida mucho más profundamente en todo esto. Y fue también durante esta época que comenzaron a ocurrir cosas muy raras dentro de mi casa. Las bombillas. Primero fueron las bombillas que parpadeaban todo el tiempo y de la nada se fundían en la noche. Escuchaba susurros que parecían llamarme desde las paredes y también pasos en el pasillo cuando sabía que no había nadie. Después comenzaron las voces. A veces escuchaba claramente que alguien decía mi nombre cuando estaba sola.

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