**William Arana** (0:38)
Con William Arana.
Un equipo de botánicos participaba en una investigación de flores extrañas en los Alpes. En el pequeño saliente de una roca se puede identificar un fino ejemplar del cual ellos estaban buscando, pero alcanzarlo era casi imposible.
Solamente con unas cuerdas y alguien que se arriesgara a ir a tomar esa flor, ese ejemplar tan especial que buscaba. El trabajo era demasiado peligroso para los inexpertos botánicos. Así que empezaron a buscar quién y les hablaron de un pequeño que conocía muy bien todo ese sector, toda esa región. Era un pastor de ovejas que conocía muy bien todo esto. Le ofrecieron dinero para que se deslizara por esa cuerda y tomara la extraña flor. El chico necesitaba ese dinero, pero también le daba mucho miedo, pues el trabajo era demasiado peligroso. Varias veces echó un vistazo sobre ese precipicio, pero no podía ver la forma segura de alcanzar esa flor. Además, él tenía que depositar su confianza en las manos de gente que ni conocía, que era extraña para él, que estarían sosteniendo la cuerda salvavidas. Entonces al muchacho se le ocurre una idea. Dejó al grupo solo por varios minutos y regresó de la mano de un hombre mucho mayor que él. Entonces el joven pastor corrió con ansias hacia la orilla del precipicio y les dijo a los botánicos, ahora sí pueden amarrar la cuerda por debajo de mis brazos, bajaré por el cañón, siempre y cuando sea mi padre el que sostenga la cuerda. El chico compartía con su padre una relación de confianza y estaba dispuesto a depositar su vida en las manos de él. Qué hermosa historia, ¿no? Pues yo hoy, a través de esta dosis orando por ti, sentí en mi corazón que debía decirte esto. Nosotros tenemos que aprender a depositar toda nuestra confianza en nuestro Padre Celestial, en Dios.
Sí, porque a veces nuestra confianza está en las personas y no está mal, sabe?, porque cuando pasamos por una adversidad, nos apoyamos en las personas y es Dios enviándonos provisión a través de esas personas.
Pero la diferencia radica en querer que siempre sean esas personas o esas situaciones nuestro soporte, porque entonces dependemos emocional, económicamente de eso. Dependo de si me llama a trabajar tal empresa, si me llama a trabajar tal señor, si el banco me ayuda o si esa persona a quien yo quiero que esté conmigo no está allá y me siento mal, me siento desafinado, como digo yo. Hoy quiero decirte que la palabra de Dios en mi manual de instrucciones dice bendito el hombre que confía en el señor Dios todopoderoso y pone su confianza en él, será como un árbol plantado junto al agua que extiende sus raíces hacia las corrientes. No teme que llegue el calor y sus hojas están siempre verdes y en época de sequía no se angustia y nunca deja de dar fruto. Qué bellas palabras las que Dios nos entrega hoy. Dios te está diciendo, ¿crees que hay algo imposible para mí? Sabemos que no. Sabemos que para Dios nada es imposible.
Y a veces somos testigos de su poder, pero no todas las veces confiamos en Él, porque confiamos en nuestras fuerzas, en nuestros recursos, en lo que nosotros podemos hacer. Y entonces le impedimos a Dios obrar en nuestra vida. Dios hoy te está reconfirmando que tú y yo somos valiosos para Él y que nuestro valor y nuestro autoestima deben venir de Él.
Y es tan importante aplicarlo para lograr los sueños, las metas, los anhelos, inclusive para perseverar en fe por ese cambio, por la familia, por la situación que tengamos en cualquier momento. Tenemos que mantenernos firmes en medio de las dificultades. Y esto requiere de constancia, de oración, de fe, y andar creyendo en que Dios puede levantarnos. Si el Señor nos promete algo, Él lo va a cumplir. Él no miente. Aprendamos a escuchar la voz de Dios. Aprendamos a estar confiados en Él. Y como dice la palabra de Dios, esforzados y valientes. No va a ser fácil, pero vamos a hacerlo constantemente y Dios nos va a ayudar. Aférrate al Señor que es tu roca, que es tu fortaleza. Dale el primer lugar en tu vida y Él te dará la mano para sostenerte y para sacarte adelante. Déjame orar por ti. Padre, bendigo la vida de esta persona en este momento. Toca su corazón. Muéstrale quién eres tú y cuánto le amas. Señor, ayúdale. Sosténnos de tu mano, Dios. Dile, tú que estás escuchándome. Dile, Dios, sosténme de tu mano. No quiero desfallecer. Necesito tu bendición todos los días. En el nombre de Jesús.
Amén. Qué bonito poder compartir esta dosis con ustedes, con cada uno de ustedes cada día, cada mañana y saber que Dios está contigo. Un abrazo y que Dios te bendiga hoy y siempre.
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