**William Arana** (0:38)
Con William Arana.
Había un hombre panadero que llevaba más de 40 años abriendo su pequeña panadería antes del amanecer.
Un joven que trabajaba con él le preguntó un día, Don Ernesto, ¿cómo hizo usted para mantener este negocio durante tantos años? La pregunta es, ¿usted nunca tuvo miedo? ¿Miedo de quebrar?
El hombre sonrió mientras amasaba el pan y le respondió, ¡claro que tuve miedo! Hubo semanas en los que solo tenía harina para un día, pero aprendí algo. Nunca vi la bodega llena, y sin embargo tampoco la vi vacía.
Siempre aparecía un cliente, un trabajo, una ayuda inesperada. Lo que me di cuenta fue que Dios nunca me dio de sobra para muchos meses, pero sí me dio lo suficiente para seguir horneando un día más, un día a la vez. Qué respuesta tan sencilla, ¿verdad? Pero también tan profunda. Y esta historia de don Ernesto me hizo pensar en la viuda de Zarepta. Sí, allá en Primera de Reyes, capítulo 17 en adelante, está la historia de esta mujer, una mujer al que Dios no le llenó la casa de costales de harina ni de grandes tinajas de aceite. Él hizo algo aún más extraordinario que eso. Cada vez dice la Biblia que iba a preparar el pan, encontraba exactamente lo que necesitaba.
Ni la harina se agotaba, ni el aceite dejó de fluir. Y me baso en el texto que está en Primera de Reyes 17, 16, donde dice siempre había suficiente harina y aceite de oliva en los recipientes, tal como el Señor lo había prometido por medio de Lías. Te invito a que busques la historia, repito, allá en Primera de Reyes, capítulo 17, y conozcas toda la historia de esta viuda y lo que pasó. ¿Por qué quiero traer esta historia hoy a esta dosis? Porque la mayoría de nosotros quisiéramos que Dios resolviera todo nuestro futuro de una sola vez. Quisiéramos ver la cuenta bancaria llena, todas las respuestas resueltas, todas las puertas abiertas. Pero quiero decirte que Dios trabaja de otra manera.
Él nos enseña a depender de su fidelidad día tras día. Quizá hoy sientes que lo que tienes es muy poco. Tal vez pocas fuerzas, poca esperanza, tal vez pocos recursos, o sientes que tienes muy pocas oportunidades. Pero quiero recordarte que el milagro nunca estuvo en la cantidad. El milagro está en que Dios no permite que se acabe, como el caso de la vida de Sarepta, o como don Ernesto, el de la panadería. Porque mientras Dios sea tu fuente, no vas a vivir mirando el tamaño de tu tinaja. Vas a mirar la fidelidad de aquel que la llena una y otra vez. Porque cuando Dios sostiene una vida, puede que no siempre haya abundancia. No, de pronto no hay desabundancia para presumir, pero siempre va a haber provisión para continuar. Hoy quiero recordarte esto. Tal vez no tienes todo lo que quisieras, pero si Dios te ha sostenido hasta aquí, es porque la harina todavía no se ha agotado y el aceite va a seguir cayendo del jarro. Y el mismo Dios que te sostuvo ayer también será suficiente para mañana y para cada día. Cierra tus ojos conmigo y dile Señor, gracias, porque muchas veces he pensado que todo se terminó. Y una vez más, me demuestras tu fidelidad, porque tu fidelidad nunca se acaba. Ayúdame a confiar en ti, aun cuando mis ojos vean poco. Y enséñame a descansar en tu provisión diaria. Y a creer que mientras tú seas mi pastor, nunca me faltará lo necesario. En el nombre de Jesús, amén. Te mando un abrazo y que Dios te bendiga.
La dosis diaria con William Arana, tu alimento para el alma. Vívela y compártela. Somos Roca Estereo.
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