**Isa Garcia** (0:00)
El 22 de marzo del 2022 aterricé en Nueva York con mi pasaje sin regreso, mis tres maletitas y una página en mi pasaporte que confirmaba que me había ganado la lotería del green card. Salí del aeropuerto, me entregaron las llaves de mi nuevo departamento en Nueva York que había alquilado sin conocer en una página web. Y después de haberme despedido de todas mis pertenencias en Ecuador, de mis amigas, de mi familia, de mi departamento. Y al principio todo lo que yo pensaba era estoy cumpliendo mi sueño, estoy emocionada, este es un milagro porque sí era un milagro. Pero rápidamente entré en shock cuando ya estaba en Nueva York de lo que de verdad estaba pasando. Ese año, 2022, fue inesperadamente confuso, desorientante, retador y en muchos momentos también bien obscuro. Aunque estaba cumpliendo uno de los sueños más grandes de mi vida, de poderme mudar a Estados Unidos, vivir en Nueva York. En realidad migrar fue todo un trip. Tenía muy poca energía creativa, tenía muy poco enfoque, había tantas decisiones por tomar, y tenía un nivel bien profundo de fatiga, de tantas decisiones, de hacer que tantas cosas pasen, de tantos trámites por resolver, de tanta burocracia. Y como resultado, hacer contenido, hacer podcasts, me empezó a tomar de tres a cuatro veces la energía de lo normal. Entonces yo estaba funcionando durante ese año y durante todo ese periodo, probablemente al 30% de mi capacidad usual. Pero una de las cosas que más orgullosa me hacen es que aun así, mi empresa cerró ese año con más de 600 mil dólares en ventas. Ese 2022 fue mi evidencia de que la generosidad que tú plantas en tu ecosistema digital, en tu estrategia de ventas, en tus mejores momentos, es la que también te sostiene en los momentos más retadores. Así que hoy te voy a enseñar por qué tu estrategia de ventas más poderosa es el cúmulo de todas las acciones generosas que construyen una empresa digital. Bienvenidos y bienvenidas al día 4 de este audio programa GRATUITO, VIVAN LAS VENTAS, donde por 7 días te estoy enseñando sobre persuasión, influencia, deseabilidad para que tu estrategia de ventas se llene de vida. Desde que yo llegué a New York en marzo del 2022, me tomó como 5 meses que me lleguen ya finalmente todos los papeles físicos oficiales para yo poder salir del país, para poder abrir una cuenta del banco, para abrir un plan celular, para tener una tarjeta de crédito, para poder abrir los registros para pagar los impuestos aquí. Y ojo, yo migré bajo las mejores circunstancias y con todos los privilegios posibles a vidos y por haber. Pero sí estaba súper sola. No conocía casi a nadie en Nueva York. Y habían días enteros o inclusive semanas donde la única persona con la que yo hablaba era la varista del café que ya se sabía mi orden de memoria y nos saludábamos en la mañana. Y yo sí estaba consciente, obviamente, cuando tomé la decisión, cuando me mudé, de que iba a estar sola, de que iba a ser una temporada retadora. Pero al principio estaba súper enfocada en este es mi sueño y estaba tan agradecida. Lo que sí me cogió desprevenida y lo que nunca me esperé fue el nivel de miedo y de paranoia que tuve por meses tratando de dimensionar esos miedos migratorios, del miedo a hacer algo mal, el miedo a que los trámites no funcionen perfectos, esa incertidumbre de no tener ya los papeles físicos es muy rara porque se siente como un limbo. Y también me costó muchísimo procesar la dimensión de que ya no tenía nada en Ecuador, de que había desmantelado por completo esa vida, que ahora iba a vivir en Estados Unidos para siempre. Pero obviamente mi vida en Estados Unidos todavía no la podía ver, todavía no estaba armada. Entonces me sentía como flotando como un globo de helio que ya no pertenecía en ningún lado y que ya no tenía raíces en ningún lado. Y fue como este corto circuito interno que fue muy desorientante. Y una de las cosas que pasó fue que mi energía creativa se me fue al piso, mientras que el miedo estaba altísimo y se estaba desbordando. Y honestamente las dudas externas no ayudaban porque habían muchas personas que pensaban que yo estaba cometiendo un error y que estaba loca. Me decían que. por qué dejarías una vida armada donde tienes todo lo que necesitas, una vida súper cómoda en Ecuador, con una comunidad, ¿tu familia? ¿O. por qué dejarías eso para irte sola a empezar desde cero en la ciudad más ruda y además costosa del mundo? Y en ese momento yo pretendí que no me importaba y pretendí que no me afectaron, pero la realidad es que sí me afectaron. Y en ese periodo de miedo, de incertidumbre, obviamente esas dudas estaban tan presentes en mi cabeza. ¿Entonces yo sí pasé esos primeros meses de llegar a Nueva York preguntándome. será que esas personas tienen razón? ¿Será que la fregué? ¿Cómo será que cometí el error de la vida? ¿Será que esto va a valer la pena? ¿Será que estoy poniendo toda mi vida y mi negocio y mi empresa y mi creatividad en riesgo? Porque el futuro todavía no se terminaba de asentar, no se terminaba de enraizar. Como que la niebla no se terminaba de ir para yo poder ver la verdadera razón de ser, de ese paso y de esa decisión. Pero obviamente una gran parte de mi trabajo es crear contenido. Pero por primera vez en mi vida, desde que yo había empezado mi empresa, realmente no podía grabar videos. Fue súper raro. Hasta ahora no sé exactamente qué pasó, pero fue súper raro que yo no podía hablar en cámara. No me daba la vida, no me daba la energía, no me salían las palabras. Por suerte, me salvó. En esa época, los podcasts eran solo de audio. Pero cada episodio me tomaba mucho más tiempo. Entonces, todo era como más largo, más demorado, más pesado, más dudas. Y eso obviamente empieza a afectar todo ese ciclo creativo. Y me imagino que si tú también tienes una empresa, también tienes que crear contenido y has pasado por momentos retadores o tristes o cambios grandes. Sabes a lo que me refiero, de que salir a trabajar en público cuando te sientes de esa manera es como agregarle un montón de peso porque toma tanta más energía a hacer lo que tienes que hacer. Pero obviamente los negocios son negocios, no pausan y no paran. Yo tenía un montón de responsabilidades, tenía sueldos de muchas familias a mi cargo, clientes, costos de la empresa y ahora también mis costos de vida y los costos de la empresa viviendo en New York se volvieron significativamente más altos, que de ahí también venía como esta presión, este miedo, ¿será que lo voy a poder sostener? Pero en ese momento lo que sí se me activó fue un modo de supervivencia estratégica. Aprendí tanto ese año, fue un año tan enriquecedor ahora mirando para atrás. Ese momento no fue tan lindo, pero a nivel de negocios, siento que ese año fue una prueba de fuego que me enseñó y fortaleció y formó tantas partes de mi cerebro de negocio y mi manera de trabajar que han sido unos cimientos súper importantes para todo lo que vino después y para poderlo sostener y poder encontrar esa longevidad. Pero esta supervivencia estratégica en la que entré fue, OK, necesito un presupuesto energético bien estricto, porque si solo tengo el 30% de mi energía normal, entonces me tengo que asegurar de que ese 30% de gasolina diaria o semanal está siendo usado de la manera más efectiva, de la manera más estratégica y solamente en lo más esencial que mantiene la empresa con oxígeno. Ayer ya aprendimos que eso es lo que sea que genera ventas. Yo en ese periodo no tenía disponible el nivel de generosidad usual, de conocimiento, de herramientas, de estrategias, de tácticas, de inspiración. Pero lo que sí me di cuenta que sí tenía disponible durante ese periodo es que podía estar presente. Entonces, yo recaí durante esa temporada sobre la generosidad de presencia. ¿Qué es eso? Es aparecer todos los días. Así sea, solo una foto de mi journal, el prompt que escribí, una foto de mi yendo por café, una foto de mi saliendo a hacer ejercicio. Para los podcasts, reduje la mayoría de la producción de podcasts a lo que no era estratégico y solo mantuve podcasts alrededor de lanzamientos. Me enfoque en que los lanzamientos sean mi enfoque número uno, que esos episodios sean súper alta calidad, súper bien hechos. Me tomaban mucho más tiempo, pero elegí muy específicamente dónde iba a ir la energía. Hicimos menos lanzamientos, pero los que sí hicimos fueron como, OK, aquí es donde vamos a dejar todo en la cancha. Para mi contenido de redes sociales, especialmente posts, ajusté mis expectativas, ajusté mis promedios semanales y mensuales de lo que iba a estar creando, de mis metas que iba a estar teniendo y me enfoque en mi escritura. No podía hablar en cámara, pero lo que sí podía hacer era escribir. Entonces recaí sobre ese medio durante esa época. Y una de las preguntas que más me ayudó fue, ¿qué es lo que tengo disponible en esta época de mi vida? Tenía muchas emociones, tenía muchas preguntas existenciales, estaba haciendo mucha terapia, estaba teniendo unas reflexiones de vida bien profundas. Me estaba haciendo estas preguntas gigantes por primera vez, estaba aprendiendo de mí misma de una manera que nunca había podido aprender. Por primera vez no era la Isa que otros querían que sea, por primera vez no era la Isa que había crecido en el mismo lugar, rodeada de las personas que le han conocido por 15 años. ¿Por primera vez era esta pregunta de. quién quiero ser de verdad? ¿Me estoy eligiendo a ser? Eran un montón de anécdotas, historias sobre empezar de cero, el proceso de decorar mi nueva casa. Estaba comprando cada partecita de mi nuevo apartamento. Estaba conociendo mi nueva ciudad. Estaba aprendiendo a hacer cosas nuevas. Estaba experimentando y aprendiendo sobre ese duelo migratorio. Estaba experimentando, hablo de primera mano, sobre cómo realmente se siente vencer estos miedos o dar estos pasos valientes. Y la mentalidad que más me ayudó fue ver a ese periodo, como a esa profundidad inclusive, a esos miedos, como un regalo, como una profundidad de emociones y de preguntas y de reflexiones, a las cuales en mi día a día, cuando todo está más estable, cuando todo está como más normal, no tengo acceso. Y entonces, en vez de verle a esa temporada, como este obstáculo o este peso, me ayudó mucho a preguntarme desde este lugar a qué cosas, qué recursos, qué ideas, qué pensamientos, qué emociones tengo acceso que esa Isa del año pasado que no estaba pasando por esto no tendría acceso. Y entonces le vi como este también regalo como esta oportunidad para trasladar muchas de esas experiencias a frases o a conceptos o emociones o a historias de las cosas que estaba viviendo o sintiendo para así poder entregarle eso a otras personas desde una pregunta de si hay otra persona que va a empezar a migrar y a pasar por algo similar o a vencer un miedo gigante, de qué maneras le puedo ayudar o simplemente dar un poco de acompañamiento. Y aquí la estrategia que más me gusta a mí utilizar es imaginarme que me estoy hablando a mí misma, atravesando por esa misma experiencia, sea la recomendación de un libro, sea a través de una frase, sea a través de una herramienta que me está sirviendo o algo que estoy haciendo. En esa época me acuerdo que su montón de breathwork y su montón de retos de meditación. Documenté cómo estaba conociendo a gente, cómo estaba haciendo amigos, cómo estaba eligiendo los colores, cómo estaba eligiendo las fotos que colgaba en la pared, o sea cada partecita. Porque en ese momento también me servía recordarme que lo que estaba viviendo no era algo que voy a vivir muchas veces en la vida. No hay muchas oportunidades que tenemos en la vida para realmente empezar una nueva vida. Esos momentos de lienzo en blanco, esos momentos de los nuevos principios. Y haber también documentado eso me encanta porque tengo esos regalos hasta para mí misma cuando los puedo volver a ver. Pero fue un año de contenido cero elaborado. ¿Pero. qué me sostuvo? Me sostuvo que mi podcast también seguía teniendo un montón de descargas mensuales gracias a todo el trabajo y los episodios viejos que había acumulado por los años anteriores. Todos los recursos gratuitos que yo había creado siguieron funcionando, siguieron manteniendo el ecosistema vivo. Antes de enterarme que me habían aprobado el Green Card, que me iba a mudar a Nueva York, yo ya había venido marinando y empezando a crear este nuevo programa que estaba planificado salir la primera edición de Nada Más Y Nada Menos Que Vender Sin Vender en el 2022 Por suerte, cuando yo llegué a Nueva York, ya había estado trabajando en este programa. Una gran parte de la estructura ya estaba creada, ya tenía la investigación de mercado, ya tenía pruebas beta. La oferta estaba bastante desarrollada y lo pude lanzar ese año por primera vez. Después de unos meses de haber llegado a Nueva York, este fue, me parece, el primer lanzamiento que hice, completo ya viviendo en Nueva York, desde mi apartamento nuevo en Nueva York. Pero nunca me voy a olvidar el día en el que abrí un mensaje durante el lanzamiento, un mensaje por interno mientras caminaba a comprar café y abrí un DM. Me acuerdo clarito hasta la esquina en la que estaba de mi barrio de Williamsburg. Y el mensaje era, Isa, llevo tres años siguiéndote, llevo tres años esperando el momento correcto para entrar a uno de tus programas. Ya estoy lista, me acabo de inscribir a Vender Sin Vender. Me acuerdo que paré en la calle, me miré para arriba y dije, wow, tres años, llevo tres años nutriendo esta venta. Y ahora que esa venta ya está lista para suceder, la puedo cosechar porque estoy aquí apareciendo. Y me acuerdo que fue esta señal súper importante de, ok, este lanzamiento tiene que pasar. Porque obviamente dudé muchísimo de, ¿será que si no estoy perfecta puedo no hacer lanzamientos? Sí, sí puedes hacer lanzamientos aunque no estés perfecta. Pero ese mensaje no fue el único de este tipo que recibí ese año. Ese año, muchas de mis ventas vinieron de personas que llevaban años viendo mi contenido. Personas que habían descargado un recurso gratuito en el 2019, personas que habían escuchado un podcast en el 2020, que habían guardado un post en el 2021 No era la Isa del 2022 la que estaba vendiendo esa primera edición de Vender Sin Vender. Era la Isa de todos los años atrás. Y hay un estudio de Adam Grant que me encanta sobre la generosidad. Él es un profesor de Wharton y es un escritor súper famoso. Y él hizo un estudio donde analizó el comportamiento de miles de profesionales en organizaciones corporativas y descubrió que en una organización, las personas más generosas adentro de una empresa, adentro de un equipo, terminan ganando 25% más dinero que el resto de sus colegas. Es decir, él encontró que la generosidad es una estrategia altamente efectiva adentro de tu vida profesional. Sea para obtener posiciones más altas de liderazgo, sea para ser reconocida o reconocido, sea para que te promuevan, porque la generosidad termina viniendo de un decir sin decir de que eres una persona de alto valor enfocada en servicio. Pero hay dos datos claves de este estudio, de lo que él encontró. El primero es que este efecto no es inmediato. No es como, fui generosa hoy, ¿por qué no me han promovido? Fui generosa hoy, ¿por qué mis colegas no me están adorando hoy y bañando en confeti? No. Este efecto toma de dos a tres años en manifestarse. La generosidad empieza a generar frutos y retorno entre dos y tres años después de haber empezado a acumularse con estos depósitos de granito de arena en granito de arena hasta que se empieza a volver también parte de tu identidad. Es decir, estas semillas de generosidad se tienen que estar regando y nutriendo por dos a tres años antes de evidenciarse en resultados. Y número dos, esto funciona solo para las personas generosas que vienen con esa generosidad estratégicamente desde un lado también del liderazgo, de un lugar de soberanía, es decir, personas que tienen una buena autoestima, que también tienen criterio para saber poner límites, personas que no se abandonan a sí mismos solo para dar a otras personas tal vez desde esa falsa humildad. Estamos hablando de generosidad bien integrada, generosidad bien hecha, generosidad desde un lugar abundante, desde un lugar de ser vicio, ¿verdad?
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