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Canasta de Historias de Horror Vol. 27

Relatos de la Noche

July 4, 2026

Esperamos que disfrutes esta recopilación de historias de horror, y recuerda que es la última oportunidad para comprar el libro: https://www.amazon.com.mx/Relatos-noche-especial-Uriel-Reyes/dp/6073852932 See omnystudio.com/listener for privacy information.
Speakers: Uriel Reyes
**Uriel Reyes** (0:00)
Comunidad de Relatos de la Noche es momento de entrarle a una nueva recopilación, a una nueva canasta de historias de horror que esperamos que disfruten, que les haga asustarse, vivir el horror paranormal y olvidarse de los horrores de la vida real, que nos esperan a todos y a todas allá afuera. Las historias de hoy son variadas, pero estoy completamente seguro de que alguna, alguna se va a quedar con ustedes. Vámonos a las historias de hoy. Como siempre, yo soy Uriel Reyes y tú ya estás entrando a los siguientes Relatos de la Noche.
Hola a todos. Esta experiencia no es mía, pero me la contó la persona que la vivió. A continuación la cuento como me la compartió a mí, en primera persona.
Yo era un niño apenas de unos diez años, cuando mis padres habían sembrado maíz en un terreno a las afueras del pueblo. Para llegar a él pasábamos por un camino que tenía un árbol muy grande y frondoso de parota. Era tan enorme y daba tanta sombra que se sentía frío y húmedo al pasar por él. Era común que me mandaran solito a regar la milpa. Lo único que me alumbraba eran pedazos de madera de ocote o nomás luz de la luna cuando había buena. Siempre me iba caminando, revisando los surcos de la milpa para ver que se estuvieron regando parejo o tapando los hoyos de entrada a las madrigueras de las tusas. Y escuchaba también algo extraño cada que iba, pero que nunca me espantó. Escuchaba que alguien se iba caminando detrás de mí, pero chapoteando en el agua.
Lo que siempre imaginé fue que eran animalitos saliendo de las madrigueras buscando refugio en un lugar seco, así que nunca lo cometé con nadie. Pero al pasar de los días, en una ocasión revisando detrás de mí, me di cuenta de que había unas huellas que seguían a las mías. Unas huellas como de un niño, más pequeño que yo.
Me dio mucho miedo, pero no dije nada por temor a que me regañaran pensando que era texto mío para ya no ayudar a regar. Un día que había empezado a regar muy de madrugada, ya iba de regreso para mi casa. Cuando pasé por debajo del árbol de perota, escuché que algo se venía bajando de él. En vez de correr, comencé a caminar despacio. Tenía mucha curiosidad. Algo cayó frente a mí. Un ser casi de mi tamaño, cubierto de pelaje negro y con cuernos que se enrollaban hacia los lados. Hacía una especie de zumbido y no sé si eso o el miedo o la impresión fue lo que me dejó paralizado. Se me acercó hasta que sentí su aliento y emitió una especie de silbido o chillido. Y yo me desmayé o algo así porque ya no supe más de mí. Hasta que abrí los ojos. Hasta que desperté pero iba caminando por un río. Desperté porque el agua ya me llegaba al nariz. Me salí corriendo del agua y no reconocía el lugar. No reconocía nada alrededor. No tenía idea de dónde estaba.
Me encontré a unos campesinos más adelante a punto de terminar de labrar sus tierras y me acerqué a ellos para pedir razón de aquel lugar. Estaba en un pueblo muy, muy lejos de casa.
Ellos me llevaron a caballo hasta mi hogar, pero cuando intenté explicar en casa, nadie me creyó. Me castigaron muy feo por haber desaparecido todo el día. Ya saben cómo eran los castigos de antes. Nunca supe qué fue ese ser, qué quería de mí, pero cada que pasaba por ese lugar para ir a la milpa me daba mucho miedo y rezaba para no volver a encontrármelo nunca más. Ya no volvió a suceder, pero todavía me pregunto qué fue eso que vi. ¿Qué me hizo? Dice la gente de aquellos rincones que no es raro que los duendes le hagan travesuras a quienes andan de noche en sus milpas.
Hola Uriel, te quiero saludar a ti y a toda la comunidad. Ojalá que me puedas leer. Mi nombre es Tatiana Monreal y te escribo desde Monterrey, Nuevo León. Desde ese tiempo sentía la necesidad de escribirles, pero no había podido hacerlo. Y hoy por fin empiezo a contarte lo que me está pasando. Siempre me han gustado las historias de terror, desde muy chica. He visto muchas películas y series. Hasta presumo que no hay una película de terror que no haya visto. También veo documentales y hasta canales de exploración urbana en YouTube. Así fue como una noche por accidente. El algoritmo me llevó a Relatos a la Noche y pronto se volvieron mi canal favorito.
Yo tenía la idea de que soy tan fan de este tipo de contenido porque jamás me había pasado algo paranormal. Pero eso cambió recientemente. Hace un año me casé. Yo era madre soltera, pero encontré a un hombre maravilloso que ahora tomó el rol de padre de mi hija. Él ya tenía una casita de Infonavit relativamente nueva, de apenas tres años. Y me atrevo a decir qué tipo de casa es porque creo que mucha gente tiene la creencia de que en casas de interés social no pasan este tipo de cosas, que no hay fantasmas. Yo ahora sé que están equivocados, que no tienen nada que ver lo recientes que pueden ser. Aquí, en esta casa, fue la primera vez que experimente parálisis del sueño, que se me subió el muerto. Pero no estaba haciendo nada distinto, seguía consumiendo el mismo contenido de siempre, pero creo que la diferencia es que en mi casa anterior, con mi mamá, vivía también mi abuela de 82 años. Toda la vida ella no se inculcó la religión cristiana, y siempre vivió con nosotras porque mi mamá también fue madre soltera. Mi abuela me decía que el ver y escuchar tantas cosas de terror atraía al mal, que podría provocarme una experiencia desagradable, pero yo le respondía que no pasaba nada, que nunca me había asustado de verdad. Mi abuela me dijo que si estábamos a salvo de esas presencias en aquella casa, era porque ella oraba todo el tiempo, sobre todo desde una experiencia que tuvo mi madre y que después también voy a contarles, pero advertía que esa protección no me iba a acompañar hasta mi casa nueva.

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