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Algo se nos subió al tráiler (historias paranormales)

Relatos de la Noche

August 1, 2026

En este episodio de Relatos de la Noche reunimos cuatro experiencias que parecen desafiar toda explicación. Un hombre descubre que la anciana que barre todas las noches una casona abandonada no es quien él imaginaba.
Speakers: Uriel Reyes
**Uriel Reyes** (0:05)
Mi compañero decía que de noche lo visitaban los muertos. Entre ellos una mujer muy guapa que se subía al cofre. Una madrugada yo también la vi. La vi allí arriba. Se nos había subido. Pero no era para nada como le describía. Al contrario, era lo más aterrador que vi en la vida.
Mi querida comunidad, que gusto volver a coincidir con ustedes una vez más. Las historias que reunimos para este episodio tienen algo muy especial. Cada una toma un camino distinto. Pero estoy completamente seguro de que todas van a sorprenderlos. No importa que sea eso que les inquieta cuando cae la noche. Aquello que prefieren no pensar mientras todo está en silencio. Es posible que entre los relatos de hoy se encuentre justamente ese miedo. ¿Se atreven a averiguarlo? Acompáñenme, apagan las luces y se atreven. Porque una vez que comenzamos, ya no hay vuelta atrás. Ya están escuchando Relatos de la Noche.
Acabo de escuchar una historia de una secta que sucede, según yo, muy cerca de la zona donde yo trabajaba en Guadalajara. Por allí estuve de los 17 a los 22 años, luego de regresarme a Aguascalientes a por fin terminar la prepa y la universidad. Pero allá en Guadalajara me la pasé trabajando para ayudar a mi mamá. Mi experiencia, eso sí, no tiene nada que ver con una secta, creo, sino con algo que yo sí consideraría absolutamente paranormal. Yo salía tarde del café donde trabajaba y caminaba unas cuadras hacia el trabajo de mi mamá. Pasaba por ella y luego juntos tomábamos el transporte a la casa. Me gustaba mucho ver hacia esas casonas que parecían sacadas de películas. Me encantaba. Y había una que me gustaba porque se veía cuidada y al mismo tiempo abandonada. No sé ni cómo explicarlo. Parecía todo en orden pero al mismo tiempo daba la impresión de que nadie vivía allí, de que nadie había vivido allí en mucho tiempo. A veces volteaba a ver las casas y pensaba cómo se verían cuando recién fueron construidas. Cuando recién fueron habitadas. Luego comenzó a pasar algo cada que pasaba por esa casa. Se escuchaba que alguien andaba barriendo en el patio. Las rejas eran bajas, más que yo, y aún así nunca alcanzaba a ver quién barría. Ponía mucha tensión pero nada. Hasta me imaginé que quizás era un velador que aprovechaba el tiempo para limpiar pero no se veía. Además, siempre había sabido que era de mala suerte barrer a la noche. Después de unas semanas, yo creo, ya pude ver quién era. Cuando pasaba por el camino principal de la casa, por la banqueta cerca de la puerta, se veía una señora barriendo. Ya grande, viejita, por la postura del cuerpo, como jorobada. Se inclinaba y parecía barrer con dificultad. A mí me daba curiosidad pensar quién era, por qué barría esas horas. Era un ingrediente más para pensar e imaginar en mi camino de noche. Pensaba mucho en ella porque no podía ser un velador. Y si era una señora de limpieza, se me hacía muy raro que anduviera trabajando esa edad, que lo hiciera en la noche. Pero bueno, costumbres raras, pensé. O a lo mejor se trataba de la dueña.
Cuando pensaba en ella, siempre le decía la jorobada. Y una noche iba bien clavado en mi celular el pasar por ahí. Había habido un pleito enorme en el trabajo y se estaban dando con todo en WhatsApp. Yo caminaba nada más leyendo sin poner atención al camino. Se estaban diciendo de todo. Hasta mi jefa.
Iba absorto en el teléfono, sin ver por dónde caminaba. Ni siquiera había caído en cuenta de que ya estaba en la casa de la jorobadita. Y esa noche no se escuchaba la escoba.
De repente algo me hizo levantar la vista. Iba caminando bien pegado a la reja. Y al ver al frente noté un brazo muy largo y flaco, saliendo de la reja un poco adelante de mí. Tenía la mano abierta como si estuviera esperando que pasara por ahí para tocarme. Como si me hubiera caído o jalar hacia adentro. Me paré en seco. Se me cayó el teléfono. Hasta debo haber ahogado un grito porque en serio me asusté muchísimo.
El brazo se metió lentamente y yo me quedé ahí nomás, parado. En eso se volvió a escuchar otra vez la escoba, alguien barriendo.
Caminé despacito hasta llegar a la puerta y verte donde mismo otra vez hacia adentro, a la señora donde siempre barría. Allí está otra vez y ahora no sé por qué por primera vez hice algo. Buenas noches. Dije.
La señora de espaldas se detuvo, se quedó quieta. Me detuve un momento, pero me dio mucho miedo que volteara. Empecé a correr. Corrí hasta llegar con mi mamá. Y cuando me vio así todo pálido me preguntó qué pasó. Le dije que casi me asaltaban.

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