**Isa Garcia** (0:00)
Me da un poco de vergüenza admitir lo mucho que he estado procrastinando y posponiendo. Hacer este episodio del podcast y realmente empezar este reto. He prendido el micrófono ya varias veces y empiezo a grabar. Me quedo medio trabada y digo mejor mañana y mañana no termina de llegar. Y obviamente lo estoy evitando porque cuando ya lo hablo aquí hay más compromiso, hay más accountability y dejan de haber tantas excusas para no hacer algo al respecto y empezar a hacer lo que sé que tengo que hacer. Así que es hora de poner la casa en orden. Llevo un año y medio, tal vez un poquito más, un poquito menos, pero un año y medio sintiéndome desconectada de mi cuerpo, desconectada de mis hábitos, desconectada de esa versión de mí que se sentía tan llena de energía y de vitalidad y como conectada con las cosas que le hacen sentir fuerte, desconectada de esa motivación para quererme sentir fuerte, de sentirme bien con mi cuerpo, de sentirme motivada con mi salud, con mi fitness, con mi alimentación. Y no es que haya habido un incendio gigante o como que me haya caído del tren de mis hábitos. En realidad, durante este año y medio no he dejado de hacer ejercicio, he estado comiendo vegetales, sigo cocinando todos los días en casa, he estado caminando. Y mis hábitos básicos han estado ahí, pero todo ha estado medio apagado, medio meh, medio beige, gris, apático, ni bien ni mal, estancado, medio paralizado. Y es porque he llegado a la conclusión de que muchos de los pilares de mi salud están un poco débiles, están movidos, frágiles, desorganizado. Y por eso este episodio y este reto se va a llamar Poner la Casa en Orden. Y le vamos a bautizar así al reto de tres meses que acabo de empezar. Y te voy a contar exactamente de qué se trata el reto, por qué lo voy a hacer, lo que aprendí de este último año y medio que me trajo hasta acá y la trampa mental más grande con la que voy a estar peleando durante estos 90 días. Empezando por la primera pelea que es peleando con la resistencia a empezar. La resistencia a poner en marcha este reto que ha estado listo esperando que yo le ponga play y también a hacer este episodio para no hacerlo sola, para que tú te puedas unir si quieres hacer un reto parecido al mío o con diferentes variables de tu vida, pero también para documentar todo el proceso y encontrar también esa motivación y esa constancia en hacerlo con ustedes. Así que con esto estoy venciendo la resistencia a hacerlo oficial y que ya no haya vuelta atrás. Y yo creo que esa resistencia que he sentido a empezar es una gran señal de lo importante que es esto para mí ahorita. Llevo un par de semanas con todo listo para empezar. Inclusive lo hablé un poquito en mis historias de Instagram y como que todas las semanas digo el próximo lunes, el próximo lunes. Hace unos seis meses publiqué un episodio sobre mi experimento fallido del fitness del año pasado. Si no escuchaste el episodio fue el 205 y te lo voy a dejar aquí en la descripción porque va muy de la mano de lo que voy a estar hablando hoy. Es como que un buen contexto de la mano. Si quieres también profundizar en qué hacer y cómo procesar cuando haces un experimento, das todo de ti y no funciona. Pero en ese episodio te conté que pasé seis meses dándole todo con este proyecto fitness, con esta meta súper ambiciosa que me puse en esa área de mi vida a principios del 2025 Entrenadora personal, pesas pesadísimas, estaba siendo hiper constante, entrenando más de lo que nunca he entrenado en mi vida. Estaba contando macros, pesando cada gramo de comida, cumpliendo todo al pie de la letra y pensando que para mitad del 2025 yo me iba a ver y a sentir como una reina del fitness. Pero al final de esos seis meses me veía y me sentía peor de no sólo cómo había comenzado, sino peor de lo que me he sentido y me he visto en muchos años. De ese experimento fallido aprendí cosas impresionantemente valiosas que están en el episodio 205 sobre el costo del cambio, los sesgos mentales y la trampa del borrón y cuenta nueva. Pero hay una pieza que no compartí en ese momento, en ese episodio, porque todavía no la entendía completamente, todavía no nos mudábamos, todavía no terminaban de caer las piezas en su lugar. Y es que durante todo ese año, mientras yo estaba abandondando todo de mí, mientras me esforzaba más que nunca en esa área de mi vida y además me sentía como un fracaso por no ver resultados, estábamos viviendo en una casa con mold. Yo había escuchado un poco en redes sociales de lo grave que podía ser tener exposición a el mold y tener una reacción increíblemente tóxica. Pero honestamente, no tenía ni siquiera un 10% de la información al respecto que hubiese querido o necesitado o que pude encontrar en el momento en el que me empecé a enfermar. El mold estaba totalmente escondido en nuestra casa, estaba debajo de los cimientos. Y porque no lo podíamos ver con los ojos, ni evidenciar, ni ver que algo estaba mal, fueron meses de meses de meses, decenas de síntomas, misteriosos exámenes, doctores, hasta que finalmente llegamos a dar con la raíz del problema. El mold, cuando estás expuesta a este mold tóxico, especialmente a estas variedades del mold negro, que son las peores para el ser humano, lo que hace es crear lentamente, a medida que sigues pasando días y días expuesta a esto, a crear un estado de inflamación crónica en tu cuerpo. Y mi sistema inmune empezó a estar peleando esta guerra invisible. Digo invisible porque no sabes a qué estás reaccionando, ni puedes ver que hay algo que está mal. Pero esta inflamación crónica, esta situación del sistema inmune empieza a tener una cascada lenta, pero segura de impactos en básicamente todo tu cuerpo. Empezó a afectar mis hormonas, mi energía, mi claridad mental. Y para mí fue bien lento. Fue bien poco a poco, como un goteo de síntomas al principio que parecían no estar conectados y parecían estar aislados. Una infección de garganta por aquí, una alergia por acá, insomnio bien grave por acá, problemas digestivos por acá. Pero todos aparecían por separado y además aparecían en olas. Por eso es tan difícil a veces encontrar qué está pasando, de dónde están viniendo y conectar los puntos. Entonces unos días estaba súper enferma, de repente estaba perfecta. De repente, otra ola de síntomas que parecían no estar conectados hasta que no supimos que todo venía de una reacción al mold. Eventualmente, con los meses, no solo días, semanas, meses, estuvimos casi dos años viviendo en esa casa, pero los expertos nos dijeron que probablemente el mold se empezó a desarrollar, como después de un año de haber estado viviendo en esa casa. Y ahí fue cuando empezaron lento, pero seguro, todos estos síntomas. Eventualmente, esto se convirtió en una cascada de síntomas, de enfermedades, y como un efecto dominó de diagnósticos misteriosos que ningún doctor lograba decirme qué está pasando y cómo lo vamos a resolver. Y además, Ivan Ivenian. Fue un treat mental. Ha sido bien confuso, bien frustrante, como te podrás imaginar. Pero a lo que vinimos a hablar hoy es que hice un montón de protocolos súper sofisticados en ese proceso. No solo el experimento que hice con el fitness, obviamente con mi salud, empecé a tomar las riendas del asunto. Fui a un montón de doctores, hice exámenes de todo tipo, compré miles de miles de dólares en suplementos y cambié un montón de hábitos. Y absolutamente nada funcionaba en ese proceso. Más bien, todo se empeoraba. Subí full de peso, estaba siempre congestionada. La peor parte, yo creo, pero ahora digo la mejor, o sea, gracias a Dios me pasó esto, porque tal vez no hubiéramos visto la gravedad del asunto, es que a raíz de esta congestión y de que yo tengo el tabique desviado, una parte de mi cara se inflamaba y se hinchaba de esta congestión de una manera exponencial. Entonces este lado de mi ojo empezó a amanecer de la mitad de tamaño todos los días, a un punto en el que ni siquiera podía aparecer en Instagram algunos días a poder trabajar de lo mal que se me veía el ojo, ¿ok? A raíz de esto del ojo, en verdad, empecé a ir al doctor porque me empecé a preocupar de que algo súper grave estaba pasando con mi ojo, con mi cerebro. Ya se imaginarán todas las cosas que yo Google y en este proceso. Pero esa congestión eventualmente se convertía en infecciones de la garganta. Eventualmente el mold generó una gastritis súper grave. Pero bueno, después de meses de buscar respuesta y de ir a doctores y de ir conectando lentamente los puntos, una doctora me insistió sobre los exámenes de mold en la casa. Ya habíamos hecho uno y aquí fue la trampa. Fue una de las primeras cosas que probamos y hicimos un examen de mold y salió negativo. Entonces, habíamos como eliminado esta sospecha porque tampoco encontrábamos nada con los ojos y lo eliminamos y pasaron un montón de meses hasta que volvimos a hacer otro test porque esta doctora me insistió que hagamos un examen más avanzado en un laboratorio para poder testear como que mucho más profesionalmente. La casa fue un test ya mucho más caro y ya para este punto yo estaba bien enferma y no me estaba mejorando y nada estaba funcionando. Entonces ya estábamos como más preocupados y también diciendo, OK, tenemos que tomar como medidas más serias. En este examen, cuando hicimos este test de este laboratorio ya mucho más avanzado y como que mucho más seria la cosa, los resultados salieron gravísimos. Tipo, llegó el resultado, lo imprimimos y era todo rojo y decía como nivel tóxico, salir de ese espacio no es un lugar habitable, era como que ningún ser humano debería vivir en ese espacio y eran como que unas alertas bien graves en el resultado de ese examen. Entonces faltaban meses para que se termine nuestro contrato de la casa. Nosotros en realidad no nos habíamos querido mudar, pero obviamente el rato que llegó eso fue un momento de como tomar acción, tomar las riendas del asunto y nos pusimos a buscar una casa que es donde nos terminamos mudando, que es de donde les estoy grabando este episodio que ya nos mudamos hace como cinco meses. Eventualmente, para poder romper con el contrato de alquiler de la anterior casa, tuvimos que hacer como que todo un proceso también para poder romper el contrato y probar que realmente había un problema, porque como no se podían ver en ningún lugar el mold, también parecía que como que nos estábamos inventando. Eventualmente, vino un inspector profesional para revisar todo eso en la parte del dueño de la casa y ahí fue cuando él se metió debajo de los cimientos de la casa y encontró que abajo del piso, en los cimientos, estaba creciendo este mold y nunca lo íbamos a poder encontrar con nuestros propios ojos, que eso fue como solo tan validante para mí de saber que realmente sí estuvo ahí todo ese tiempo y de que obviamente no estaba loca y no me estaba imaginando nada. Pero esa es la razón por la cual nos mudamos. De repente nos tuvimos que ir a Ecuador dos semanas, porque hubieron dos semanas que nos quedamos sin casa, entre que tuvimos que salir de la una lo antes posible y que la otra a la que nos mudamos ahora estaba lista. Pusimos toda una bodega, nos fuimos de Ecuador dos semanas a vivir con mis papás. Y de ahí nos mudamos de esta casa y ahí recién empezó la verdadera recuperación. Ya han pasado cinco meses y ha tomado estos cinco meses. Yo diría que recién desde abril pude decir, wow, me estoy volviendo a sentir como yo. Me estoy volviendo a sentir como yo en mi cuerpo, estoy volviendo a sentirme como de vuelta a una normalidad que podía reconocer, porque el proceso de desintoxicación del mold es lentísimo. Creo que es la parte más dura y frustrante y como que pesada, porque ya no puedes hacer nada más que esperar. Ya saliste de la casa, ya no estás en contacto con esta cosa, y solo con el tiempo los síntomas poco a poco empiezan a bajar y el cuerpo empieza a volver a ganar un poco de esa resiliencia con el sistema inmune para poder empezar a tomar suplementos y hacer cosas un poco más intensas. Y si has estado expuesta al mold y has pasado por esto, me imagino que entiendes perfectamente, pero yo no tenía idea de cómo funcionaba esto y hubiera querido tener un poco más de información. Pero en esa parte está la lección más grande que me dejó esto del mold. Y es la que se me quedó tatuada. Y honestamente he estado aplicando esta lección en tantas partes de mi vida y es la que está sosteniendo todo este reto. Y viene de que durante todo ese año yo estuve enfocada en agregar cosas a mi vida. Más entrenamientos, más control, controlar más macros, más suplementos, más jugos verdes, más doctores, más protocolos, más exámenes. Pero nada de eso movía la aguja, porque la cosa más importante que tenía que pasar no era lo que yo podía agregar a mi vida o a mi cuerpo o a mi salud o a mis hábitos. La cosa más importante era lo que yo tenía que eliminar, que era salir de esa casa. Lo más potente que podía pasarle a mi salud ese año y este año también no era nada de lo que yo tenía que sumar, agregar, probar, incrementar, empujar. Fue una sola decisión responsable por la gran mayoría de mi recuperación y los resultados que ha vuelto a tener mi cuerpo, y es salir de esa casa. Este año aprendí que cambiar de entorno es más poderoso que cambiar de rutina, porque si estás en un lugar tóxico, no importa cuántas cosas hagas, cuántas cosas pruebes, cuántas cosas agregues, primero hay que salir de ahí. Y esa no es una metáfora de mold o de algo tóxico. Es una metáfora para todo en nuestras vidas. Porque la recuperación del mold es bien lenta, cualquier cambio intenso, suplemento o protocolo retrasa y empeora la situación. No solo no ayuda, te retrasa y te deja tres pasos atrás de lo que estaba. Una gran parte de mi trabajo durante estos cinco meses de ya estar en la nueva casa ha sido no desesperarme, que ha sido obviamente retador. Y no hacer ningún cambio gigante y solo tener la paciencia para que mi cuerpo regrese a su estado natural y se siga recuperando naturalmente poco a poco. Pero toda esa experiencia fue desgastante y frustrante a nivel de mi autoestima, a nivel de mi seguridad, a nivel de mis esfuerzos. Porque tantas cosas que hice, tanta fuerza de voluntad que le puse, tanta energía, sí se empezó a sentir y se sintió así porque sí fue como una rueda de hámster. Y esa es la razón por la que también eso se empezó a doler como su propia bola de nieve, de tener que ser paciente, hacerme para atrás, no poder involucrarme mucho, no poder tomar mucha acción, venir con esa frustración y bajón de haber tratado tanto y no haber visto esos cambios o esos resultados. Todo eso se ha vuelto su propia bola de nieve de sentirme desconectada y desmotivada y apática y con muy pocas ganas de hacer algo al respecto, aunque ahora ya sé que sí puedo hacer algo al respecto. Entonces, mientras en este tiempo mi cuerpo se ha estado reorganizando y haciéndolo suyo, cuando dejé de intrometerme, en mi cabeza sí he estado haciendo un análisis profundo y unas reflexiones supervaliosas sobre mi relación con estos hábitos, sobre mi relación con el ejercicio, con mi cuerpo, que ha sido esa parte sí enriquecedora y profunda y linda, pero uno de los lugares en los que me he enfocado es en analizar, OK, ¿cuáles han sido las acciones más potentes y efectivas que me han dado los mejores resultados y me han funcionado para mover la aguja en esta área de mi vida en la última década? Porque yo en la última década he probado muchísimas cosas, he hecho muy buenos experimentos bastante extensos, bastante largos, me he metido como de cabeza, empezó todo por sanar mi digestión, tuvo su época del fitness, fui vegana a una época y se dietaqueta otra época. O sea, en realidad que sí probé tantas cosas en la última década y aprendí mucho de cómo funciona mi cuerpo y de cómo funciona mi salud y de cómo reacciono a muchas de estas cosas. Y la respuesta cada vez que he hecho cada una de estas reflexiones ha sido más simple de lo que mi ego quisiera aceptar. Si soy 100% honesta, porque hay una trampa que para todos es bien fácil caer, pero me he dado cuenta que yo sí tengo que tener mucho, mucho cuidado porque es tan difícil de cacharnos cuando estamos adentro de ella. Y es la trampa de creer que para conseguir resultados necesitamos hacer un borrón y cuenta nueva, tomar acciones dramáticas y hacer cosas novedosas, complejas y sofisticadas que se sientan impresionantes para hacernos sentir que estamos en el camino de lograr grandes resultados. Obviamente, esa fue una de las problemas en los cuales caí con ese experimento fitness, pero desde ese lugar, desde esa trampa, mi cabeza medio que desprecia cuando estamos hablando de hábitos, de suplementos, de protocolos, automáticamente cuando algo suena muy simple, cuando algo suena como muy básico, aunque ya sé que funcionan, pero porque me suenan aburridas, me suenan muy simples, muy básicas y por ende lo conecto con que no va a funcionar o que no es suficientemente potente. Las cosas que funcionan pero suenan aburridas no nos hacen sentir interesantes, no nos hacen sentir novedosas, no nos dan una historia interesante que contar cuando ves a tus amigas. Y el ego odia eso. El ego no sabe, lastimosamente, medir el impacto o la potencia, además, de eliminar algo en nuestras vidas porque muchas veces eliminar se siente incompleto. Al menos para mí me he dado cuenta que cuando yo sé que tengo que eliminar algo de mi vida, hay una parte de mí que quiere como sobrecompensar del otro lado, agregando algo más grande para sentir que terminé ganando y no perdiendo o para probar que ese cambio es suficiente. Para mí la mejor metáfora para entender esta trampa, que me ha ido cambiando la vida porque de nuevo es una metáfora que puedes aplicar a cualquier área de tu vida, es entender la diferencia entre dirección y velocidad. Porque vivimos en una cultura que está obsesionada con la velocidad y la intensidad, con hacer más, agregar más, cambiar más, hackear más, optimizar más. Y eso es como subirnos a un carro, abres el carro, te sientas y lo primero que haces es acelerar a toda velocidad. Y eso es lo que yo hice el año pasado con este borrón y cuenta nueva. Voy a cambiar todo al mismo tiempo en mis hábitos y mi alimentación y el ejercicio. Y voy a cambiar todo de la noche a la mañana y voy a hacer esta cosa grandiosamente novedosa, extraordinaria y voy a acelerar con toda velocidad. El problema es que yo en ese momento estaba acelerando en la dirección incorrecta. El GPS del carro no estaba bien calibrado. Estaba acelerando, sí, pero adentro de una casa que me estaba enfermando. Mientras más pisaba el acelerador, más me alejaba de mi destino, que es esta paradoja, porque en el día a día estaba entretenida, estaba haciendo tantas cosas, estaba dando todo de mí, pero no estaba haciendo las cosas correctas, no estaba haciendo las cosas más importantes que en ese momento hubieran generado la mayor cantidad de resultados sin tanto esfuerzo, porque cambiarte de casa es un esfuerzo tal vez más grande en un par de semanas, pero después ya no tienes que hacer nada. Ya estás en la nueva casa y te estás recuperando. En ese año metí tanto dinero, tanta energía, tanto tiempo, tanta fuerza de voluntad, que es como acelerar toda esa gasolina, pero el carro estaba caminando en la dirección incorrecta. Entonces esa intensidad estaba mal direccionada. En cambio, opción B, te subes a un carro, abres el carro, te sientas. Y ese carro no puede acelerar, no puede ir a toda velocidad, no puede hacer este sonido grandioso para anunciar que estás acelerando. Pero se mueve, se mueve todos los días 5 km. No se ve increíble, no se ve tan novedoso. Pero si ese carro en el GPS tiene la dirección correcta, así sea que vas solo 5 km por día, estás avanzando a la dirección correcta. Cada día estás 5 km más cerca de el lugar a donde quieres ir, de subir la montaña correcta. Llegas porque llegas y cada esfuerzo, cada galón de gasolina está bien invertido porque estás dando pasitos en la dirección y el mapa correcto. Y esa es la trampa. La trampa es que la cabeza muchas veces busca la cosa especial, el acelerador, el color del carro, que el sonido, la complejidad, ¿la complicación para decir. será que vale la pena subirme a este carro? ¿Será que estoy avanzando? Pero lo que me he dado cuenta es que una gran parte de nuestro trabajo con las metas no es solo acelerar, no es solo ser constantes, no es solo ser disciplinados o tener una ética de trabajo, es también hacer el trabajo de hacer ese sum-out, subirnos en ese ojo de águila y decir estos esfuerzos me están llevando en la dirección correcta, en la dirección alineada de dónde quiero estar de aquí a cinco años. Cada uno de estos esfuerzos me acercan a ser la persona que quiero ser, a la vista que quiero ver, a los sueños que quiero cumplir, al tipo de persona que quiero ser, al tipo de personas con los que quiero estar rodeada. O estoy acelerando y me siento interesante y me siento distraída, porque eventualmente estas cosas también se vuelven distracciones. Me siento distraída y viendo por la ventana todas estas cosas, pero ni siquiera sé a dónde estoy yendo, qué direcciones estoy usando, de quién es el GPS, quién elijo esta meta para mí. Esa también es una gran parte de los sueños y las metas y los proyectos y los experimentos que elegimos en nuestras vidas. Me he dado cuenta con estas sacudidas y esos baldazos de agua fría que una parte de mi trabajo es aprender a identificar a tiempo, ojalá cada vez de un poquito más de tiempo, los momentos en los cuales mi ego prefiere sentirse complejo, distraído, ocupado y sofisticado por encima de estar siendo efectiva. Porque cuando estoy siendo efectiva, los resultados vienen porque vienen. Parte del trabajo es, ojalá, identificar un poquito más de tiempo los momentos en los cuales mi ego me trata de convencer de que lo que tengo que hacer es agregar y complicar en vez de eliminar. Porque nuestra cabeza tiene una gran deficiencia en poder entender o medir realmente o comprender o visualizar lo poderoso y lo efectivo y potente que es eliminar algo de nuestras vidas. Porque nuestra cabeza está calibrada para pensar y conectar que eliminar viene con pérdida, con menos, con insuficiente y, por ende, con algo que se tiene que compensar. Nuestra cabeza, nuestro ego no son muy buenos entendiendo el verdadero poder a largo plazo. La cantidad y la calidad de resultados que eliminar algo puede tener. Pero salir de esta casa con mold hizo, en una decisión, en una movida, más de lo que 100 o 200 otras cosas hicieron a lo largo de los meses. Y cuando pienso en este concepto de eliminar, me ha pasado tantas veces en mi vida, algunas de las decisiones más importantes, más poderosas, más efectivas de mi vida, no han venido de lo que yo agregue, han venido de lo que yo eliminé. Eliminar el gluten, por ejemplo, hizo más por mi digestión que 100 otras cosas complejas y sofisticadas. Fue una de las cosas más potentes de las acciones y de las estrategias más potentes que yo implementé para sanar mi digestión de raíz. Salir de un matrimonio que no funcionaba hizo más por mi vida que otras 100 o 200 otras cosas que hubiese o que hice que probé y otras 100 otras cosas que podía haber hecho por los siguientes cinco años. Pero en ese momento, el rato de eliminar algo, el rato de salir de un lugar, el rato de eliminar algo de mi dieta, no se sintió como algo poderoso. La mudanza se sintió como un peso inconveniente. Dejar el gluten se sintió como un peso inconveniente. Un divorcio se sintió en ese momento como un fracaso. ¿Será que fracaseé en la vida? ¿Será que me voy a quedar sola para siempre? Esta experiencia del mod me ha hecho ir para atrás en estas partes de mi historia para ojalá seguir integrando y poderlo usar obviamente a futuro de maneras más eficientes y como que un poquito más rápido. De que la cabeza siempre tarta de resolver los problemas, agregando cosas y complicándonos, esa tiende a ser una de las primeras estrategias a las que recaemos. Pero parte de desarrollar mejores modelos mentales, mejor preguntas de nuestras vidas es poder tomar un par de pasos para atrás y decir, en este caso realmente me beneficio de agregar y complicar, o tal vez en este momento me beneficio de simplificar, de eliminar y de soltar para entonces poder avanzar. Solo me pregunto cuántas veces tú y yo hemos estado pidiendo algo en nuestras vidas, un sueño, una meta, cierto resultado, y tratando de resolverlo, agregando, complicando, buscando esta nueva estrategia, el nuevo protocolo, el nuevo suplemento, el nuevo hack. Y cuántas de esas veces, tal vez lo más eficiente y tal vez estábamos a la vuelta de la esquina de esos resultados si tan solo hacíamos una reflexión de primero asegurarnos, ¿estoy yendo en la dirección correcta? ¿Cuántas veces estamos a un par de acciones más simples de lo que parece que si somos constantes con ellas nos llevan tanto más rápido a donde queremos llegar? Pero son las cosas que tal vez estamos evitando o que nos parecen incómodas o que no queremos soltar o que tenemos miedo de aceptar. ¿Cuántas veces estos experimentos fallidos son solo darle vuelta y como que circularle a la cosa que ya sabemos que tenemos que hacer? ¿Y cuántas veces hemos estado a la vuelta de la esquina de esos resultados que estábamos pidiendo? Pero por no eliminar. Y lo único que tenemos que hacer era eliminar una cosa. Me acuerdo que la primera vez que una doctora me dijo al principio de estos síntomas misteriosos que podía ser mold, mi novio decíamos no, que pereza mudarnos. O sea, imagínate a dónde nos iríamos y tener que romper el contrato. Se sentía como esta montaña tan grande y tan difícil de atravesar como siempre.
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