**Clara Tiscar** (0:05)
PodiumPodcast, lo mejor está por escuchar. Hola, Criminopatás, soy Clara Tiscar y hoy os voy a contar una historia que es muy posible que os resulte familiar. E igual tenéis la sensación que la habéis oído antes, pero yo no os la he contado, es que es clavadita a otra. Pero no quiero estropear el episodio, porque aunque dos casos parezcan iguales, una vez resueltos lo interesante es cómo lo descubren y cómo lo demuestran. Y por supuesto, en los casos en los que se consigue llegar a un juicio, se pueden comparar las sentencias de casos que parecen idénticos y ver qué estrategias ha seguido la defensa. Antes de continuar, dejadme recomendaros una película que creo que os puede gustar, porque a mí me ha encantado. Se trata de Frankenstein, que como ya sabéis es la historia de un científico brillante, pero muy egocéntrico, que da vida a un monstruo. La película está dirigida por Guillermo del Toro y es la adaptación más fiel a la historia publicada por Mary Shelley en 1818, ya que es la primera versión cinematográfica en la que podemos ver las dos caras de la moneda, la del científico y la de la bestia. En este sentido tiene ese sello muy Guillermo del Toro, retratar el lado humano de los monstruos. Además, está protagonizada por grandes estrellas como Jacob Elordi, como la criatura, y Oscar Isaac, como Victor Frankenstein. La tenéis disponible en Netflix y ya me contaréis si os ha gustado. ¡Sos Criminopatas!
Vamos a empezar esta historia junto a nuestro protagonista que llegó a casa de un amigo a echar la tarde. Llega de vuelta la parroquia asturiana en la que vive sobre las seis. Es un día semi festivo, por lo que hay poca gente en la calle, pero alguien vigila sus movimientos y se cuela en el garaje tras él. Esta es la historia de Iván Castro y esto es Criminopatía.
Es jueves 7 de diciembre de 2017 y estamos en La Felguera, en el Conceju de El Angreo, Asturias. Aunque no es un día festivo, el 7 de diciembre cae entre dos días que sí lo son, por lo que es puente, ya que mucha gente hace vacaciones ese día. El pueblo está tranquilo y apenas hay gente en la calle. Una pareja entra con su coche en el garaje y al fondo, entre las dos hileras de coches aparcados, tocando la pared, ven a alguien tirado en el suelo. Y ya sabéis cómo suele acabar esta escena cuando os cuento esto en el podcast. Pero esta escena en concreto tiene algo diferente que a la vez eleva el nivel de horror. Efectivamente, es un hombre muerto, está de lado, con una herida en la cabeza, sangre en el suelo, y lo poco habitual es que tiene el teléfono en la mano, con la linterna encendida, alumbrándole la cara. La pareja que lo ha encontrado llama de inmediato a la policía.
La noticia acorre rápidamente, y no solo la noticia. Antes de que llegue la policía, alguien graba en vídeo el cuerpo en el garaje, supuestamente con la finalidad de enviárselo a una persona concreta. Pero la realidad es que el vídeo acaba corriendo, enviado a los medios, que deciden no publicarlo y subido a internet. Recordad que estamos en la Felguera, es el núcleo urbano más grande del Consejo del Agreo, pero es un pueblo pequeño, no llegan a 600 habitantes. Creo que en este caso decir que todos se conocen es más que literal. Además, la escena del crimen es un garaje en el que siempre aparcan los mismos coches. Antes de que la policía llegue e identifique en el cadáver, la primera hipótesis que hacen los transeúntes es que es Jonah Castro. Es el hermano del propietario del coche junto al que está el cadáver. ¿Por qué el hermano? Porque uno de ellos apenas sale a la calle, mientras que el otro lleva una vida más movida. A los pocos minutos del hallazgo del cadáver, Jonah, que está trabajando en Oviedo, empieza a recibir mensajes de sus amigos preguntando si está bien. Jonah Dan tiene 31 años y parece que todo el mundo cree que él es el chico muerto en la felguera.
La policía se pone rápidamente en marcha. En la escena encuentran tres casquillos de bala, por lo que está claro que le han disparado. Y como es habitual, una de las primeras cosas que hacen es mirar en contenedores y papeleras para ver si se han deshecho allí del arma del crimen. No la encuentran. La noticia del asesinato salta a los medios antes de que la policía haya podido comprobar la identidad de la víctima y comunicársela a su familia. Trini Castro la madre se entera mirando Facebook porque ve la noticia. No pone la identidad de la víctima y mientras la está viendo llama a Marta, la novia de su hijo Iván, y le pregunta si sabe dónde está. Ella dice que no, que no se preocupe y le pregunta a Marta, porque está viendo Facebook, si ha oído algo de este chico al que han matado en un garaje. Marta empieza a llorar diciendo que a ver si va a ser Iván y la madre de Iván la tranquiliza y le dice cómo va a ser él, ya nos habríamos enterado. Pero sí, la policía ha mirado si el fallecido lleva cartera y han comprobado que su DNI indica que es Iván Castro. Tras hablar con Marta, Trini llama a su hijo, Yona, y le pide que vaya a casa de su hermano. En la escena del crimen, la policía está intentando localizar a Marta, la pareja del fallecido, cuyo portal está a pocos metros del parking. Llaman al interfono, pero no contesta nadie. Yona llega pasadas las nueve de la noche. Y al verle, un policía, con total sinceridad, le dice que por un momento han pensado que era él. Así que claro, él se da cuenta enseguida antes de que se lo digan de lo que está ocurriendo, porque si no es él, significa que es su hermano el que está muerto. Le piden a Yona que llame a Marta, porque la policía está llamando a la puerta de su casa y no ha contestado. Por tanto, no creen que está en casa y quieren que él le pida que vaya para allá. Yona no tiene el teléfono de Marta, pero lo consigue rápidamente. La llama y le pregunta dónde está. Ella dice que en casa, porque no hace mucho que ha llegado. Yona le pide que baje al garaje y ella preguntaba para qué. Él no da detalles por teléfono, solo que baje. Y allí, claro, ella se encuentra con coches de policía cortando la calle, la cinta policial, luces, sirenas... No hace falta decirle mucho para que entienda lo que ha pasado. Marta se abraza a Yona temblando y empieza a llorar. Poco después, llega el mejor amigo de Iván, Mariano, que pasaba por la calle y ha visto toda la movida de coches policiales con luces. Y se ha parado a ver qué pasaba. Marta se abraza a él llorando y no puede parar de preguntar quién ha sido, quién ha sido. Va llegando gente frente al garaje, no sólo vecinos curiosos, también amigos y familia. El mejor amigo de Iván y una de las primas están con Marta, que pregunta si alguien tiene una pastilla para tranquilizarse. La prima de Iván le da un ansio lítico y todos le ofrecen llevarle a algún sitio. Pero ella dirá que va a casa de una amiga a dormir y que ya ha avisado a un amigo que es taxista para que la recoja. La víctima, como decía, es Iván Castro. Tenía 31 años y su vida actual era un poco especial, delicada. Tengo que aclarar que Iván tenía otro apellido del padre, pero dado que su madre dejó al padre por malos tratos y que no sabían nada de él desde que los niños tenían 5 años, llegó un momento en el que decidió cambiar de apellidos y usar solo los de su madre. Castro es pues el apellido materno. Iván fue un joven deportista, practicaba el kickboxing, era bueno, fue campeón de España y también le encantaban las carreras de coches, motos, cars. Tenía claro que quería trabajar de mecánico. De jovencito, fue a pedir trabajo a un taller en el que tenían un equipo de competición y estuvo trabajando 3 años. Allí le recuerdan con cariño porque era muy simpático y tenía mucho humor. Se le daba bien el trabajo, siempre tenía energía y ponía muchas ganas en aprender y mejorar. Todo estaba encarrilado, tenía trabajo de lo que le gustaba y había empezado a salir con una chica, Marta, cuando la cosa se torció. Le diagnosticaron un cáncer, concretamente un linfoma de Hodgkin. Iván, tras años y una recaída por el camino, superó el cáncer, pero le cambió radicalmente la vida porque quedó tocado, con la salud delicada y ya no podía trabajar, cobraba una pensión y apenas salía de casa para no ponerse enfermo. En el momento de su muerte, hacía 13 años que estaba con Marta y llevaban un par de años viviendo juntos en este piso de la felguera. Marta tiene una panadería en Gijón y pasa fuera muchas horas cada día porque el pan tiene que hacerse antes de abrir al público, así que suele salir pronto por la mañana y regresar por la noche. Iván pues era el que se encargaba de la casa y pasaba el rato jugando a videojuegos.
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